MI PASO POR LA MILI

En el mes de Julio, por las fiestas de la Velada de mi pueblo nos llevaron a los quintos de aquel reemplazo a Obejo Viejo al campamento de reclutas y Llano Amarillo, donde hacíamos la instrucción, que dictaba unos tres kilómetros de los barracones en que dormíamos, aquello era inhumano por las condiciones que reunían las instalaciones. Consistían en naves con techo de Uralita y paredes de bloques , el calor era asfixiante y los millones de mosquitos nos achicharraban a lancetazos, dormíamos porque el cansancio nos rendía y porque algún veterano nos apuntó que el poleo ahuyentaba los mosquitos. Nos dieron unas sabanas color casi chocolates y con ellas tuvimos para el tiempo que duró aquel infierno. Nuestras necesidades las hacíamos en el monte, era un espectáculo bochornoso ver como estaba de mojones de todos los colores. Comía una vez al día  en unas cantinas que había dirección al pueblo ya que la comida del rancho se me metió en la nariz el olor a asperón, con lo que lavaban las perolas, y me producía arcadas. Cuando juramos bandera fue mi tía Beatriz por mi en un taxi, tenía un cachorro podenco de los muchos que los mandos tenían en el campamento, al perrito me lo tenía camelado y todos los días lo buscaba y por la tarde en las horas libres era mi amigo,  pero el día de la jura con tanta gente se metería en el monte y no lo pude encontrar para traérmelo al pueblo, lo cual me disgustó.
De Obejo pasé al Segundo Deposito de Sementales de Jerez de la Frontera, donde el teniente coronel  jefe , era mi tío Gregorio Lambea Rey, allí cambió todo.  Era y es un edificio precioso, con duchas, camas y buena comida que a diario se la llevaban para probar y dar el visto bueno el jefe. Yo como sobrino tenía algunos privilegios ya que los sargentos me apreciaban y me dejaban salir a Jerez de paisano. Los sementales que en aquellos años había en  el cuartel eran de lo mejor de España, sobre todo en españoles y árabes. Caballos emblemáticos, de sus genes han sacado muchas de las ganaderías actuales,  recuerdo al MALUSO, su hijo AGENTE fue el mejor caballo del mundo en el PRE de su tiempo, murió en la feria de Sevilla de un cólico, lo tenían enganchado  a la quinta potencia en el coche del cuartel, a disposición de la familia del militar Coloma Gallego. El cochero TORRALBA que no era militar, trabajaba en el cuartel y era un espectáculo verlo en la pista cuando ponía al AGENTE de “pericón”. También recuerdo a ALBERO II, que se lo llevaba el torero Diego Puerta para cubrir su ganadería, otro GORRON II, del hierro del Bocado, puro Terry, era el caballo más noble del cuartel, lo queríamos todos los soldados como si fuera nuestro, otro del Bocado HISPANO lV, que lo compró mi tío para el cuartel, para no cansar al CARIÑOSO III, Terry también.  Con este caballo fui destacado de parada al cortijo “Coto Capitán”, en el término de Mirandilla ( Badajoz), propiedad de don Francisco Fernández-Daza, en el finca disfruté de aquel caballo montándolo con una manta y una cabezada de cuadra. Los guardeses eran de Campanario, buenísima gente; Juan Bolaños “el Arremangao” y Catalina su mujer. El yegüero  Diego Gallardo, que pese a ser un anciano casi ciego, era muy hábil para coger aquellas yeguas cerreras y arrimarlas al Cariñoso, era también de Campanario y conoció tres pueblos en su vida, Campanario, Mérida y Mirandilla. Como me acuerdo de él …, un santo inocente de los muchos extremeños que he conocido, totalmente analfabeto  con un corazón que no le cabía en el pecho. Por aquellos años mi amigo Candidato de Quintana grabó un disco Long Play, yo lo tenia así como algunos más y en un tocadiscos de pilas le ponía a Diego un disco de Fosforito por  martinetes a 33 revoluciones cuando era de 45 y él lo escuchaba como si tal cosa, su comentario : “ao…hijo…parece un cochino del  marqués”. En el mes de Mayo regresé al cuartel con el caballo en un vagón de ferrocarril, una manta dos alpacas de paja, algo de comida y agua para el Cariñoso y para mi, era lo que llevaba. El viaje fueron dos días, en Sevilla aparcaron el vagón y nos tuvieron un día con su noche. Solos los dos mirándonos. La ciudad de Jerez me gustaba, es una ciudad con señorío, vi alguna vez a un Domec, que le llamaban los soldados de Jerez “El Pantera”, con un coche con uno o dos caballos paseando por las calles. También pasaba en el reñidero de gallos muchas tardes, entonces lo llevaba un tal Atienza y el nivel que había era total.  En la plaza de toros vi al torero que más me ha gustado siempre; Rafael de Paula, en el tendido le tocaban las palpas por bulerías, como ese pueblo sabe hacerlo, aquella tarde cuajó un toro y la lió gorda. También vi un mano a mano de Galloso y Manzanares con un gran triunfo de los dos. Rejoneadores hermanos Peralta y Alvarito Domec que tenia entonces el caballo Opus….todo un espectáculo. Al flamenco que ya era aficionado, allí me acabo de calar, en el cuartel había dos cales que sin ser profesionales cantaban puro de verdad y todas las tardes había en el patio de la cantina fiesta por Bulerías por parte de los gaditanos y de sevillanas por los de Sevilla. Camarón sacó un disco Long Play precioso por entonces, creo que se llama “Soy grande por ser gitano”, lo compré y la primera vez que fui a verlo allí me lo dedicó. Cantaba LA CANASTERA, y era entonces joven, con las facultades a tope. También escuché en directo a un Sordera y a la Paquera, que como esa no se rompe otra. La pena es que al Agujetas Manuel no lo pude ver, no vi nada que lo anunciara.

A mi el flamenco me empezó a gustar desde muy pequeño, mi padre me llevó a algunas actuaciones de Farina, Porrina, Molina y el príncipe gitano. Su tío Francisco Rey era el propietario del cine azul de mi pueblo y solía traer esas compañías que actuaban por toda España. También en la Viña cuando hacían la vendimia todas las noches alrededor de la lumbre los trabajadores de la bodega hacían sus pinitos, Francisco el Guardia y El tío José el Olallo  que cantaba por tarantas muy bien, pues tenía la voz rota como a mi siempre me gustó. Cuando venían aquellas compañías de artistas a Quintana a los cantaores antes mencionados les gustaba jugar a las cartas y en el bar del Chato mi tío Francisco los pelaba, y  alguna vez les ganó hasta la minuta de la actuación. Mi tío Chobo fue muy querido en el pueblo y el mejor cazador de su época, ya contaré retazos de su vida en otra ocasión.
Bueno y de la mili nos hemos ido al Chobo Rey.
Hasta otra.

EL PAJARO CATRANA

 

Este pájaro fue el mejor que cazó mi tío José que fue un cazador del perdigón de fuste, tenía una   minusvalía en las piernas a causa de la poliomielitis, de joven cazaba al salto pero poco a poco las facultades le mermaron y solo tiraba a las tórtolas, cazaba con  los galgos y el perdigón. A las tórtolas era el número uno en Quintana, llegó a cobrar en las primeras encinas de la “Cuerda Chica”, pegando al Coto, ciento diez en una tarde, con la  escopeta del veinte que me regaló siendo yo un niño. Pero lo que más le gustaba era el reclamo. Se pegaba largas temporadas cazando y por su minusvalía siempre necesitaba una persona para que le hiciera los puestos, para este fin tenía cosarios a jornal, tales como el tío José ” El Pavero” de Quintana, Manuel “Jallao” de la Higuera, el Chato de la María de la tía Higinia y algunos otros, con el Jallao tuvieron una anécdota digna de mención, ya la contaré. Voy a centrarme en el pájaro. Su nombre era porque se lo compró a Rafael Murillo (Catrana) cuando este buen hombre tenia arrendada una parte de la finca La Osa y allí cazaba el perdigón. Fue cogido según sus hijos Diego (el Cano) y Benito (Carilla), un día que regresaban a la Osa con el carro y las mulas cargado de grano, los sorprendió una tormenta en el puerto de los Argallanes , se refugiaron en un cortijo y cuando reanudaron el viaje en la carretera que va a Retamal salió un bando y como estaban mojados cogieron dos que salieron superiores.
El tío Rafael me contó muchas veces que de pollo le tiró mas de setenta y  le falló más de la mitad, le metía la navaja a los cartuchos para ver si tenían munición, hubo muchos que se lo quisieron comprar  pero por más que le insistían y ofertaban, no lo vendía. De mi tío era muy amigo y un día en un taxi fue a la Osa lo cuál sorprendió a Rafael. – ¿Que te trae por aquí José?. – Demás sabes tú a lo que vengo, véndeme uno de los dos pájaros que tienes, y a regañadientes le cedió el figura. – Dame lo que quieras. Le dio dos mil pesetas menos veinticinco duros que le costó el taxi.Aquel año cogió la guardia civil a Rafael cazando y le mataron al pájaro hermano. Mi tío era muy caprichoso con los perdigones, donde se enteraba que había uno que merecía la pena allá que iba y si le gustaba pagaba lo que le pedían, por aquellos años se vendían sobre las mil pesetas, por el Catrana pagó el doble sin pedir Rafael, eran, como he dicho, muy amigos.
Cuando yo le preguntaba porque este  fue el mejor que cazó, me contaba muchas de las cualidades que atesoraba y resaltaba que era muy hembrero, muy pocas viudas se le resistían. Mi amigo Juan Antonio el de la Nieve, del Valle, lo cazó una tarde y le tiro once viudas en la sierra de Aguas del Rey, en el mes de Marzo. Se trajo todas las que habían quedado por aquellos parajes. No se lo dejaba a nadie, Juan Antonio fue un privilegiado, yo también, pero lo cace ya muy viejo, mi primer perdigón que maté se lo tiré a él una tarde en Puerto Ancho allá por la solana de Baules. A las hembras las trabajaba con muchas jácaras de buche, titeo y recibos melosos, nunca las dejaba cantar ya que las guarreaba y con un kikikiki, señal del aguileo y por supuesto sin moverse ni tocar un alambre era muy raro que no se rindiesen. Otra de sus cualidades a destacar resultaba que empezaba a cazarlo en la “pica” y terminaba a últimos de Marzo, no se pasaba de celo, como empezaba la temporada la terminaba, cosa rarísima en los reclamos que todos cuando se cazan mucho se suelen poner muy fuertes y hay que darles tierra y otras cosas. Jamás cantaba en casa ni en el jaulero ya podían formarse las zambras que en el cortijo liaban los otros pájaros, a él no le importaba, se limitaba a comerse su puñado garbanzos al remojo partidos, bellotas, verde, trigo y punto.
Mi tío nunca tenia más de tres pájaros, cuando el Catrana tuvo dos más, ambos del Valle de la Serena, el Vallejo, comprado al Molinero  y Vasillo, de José Vasete, gran cazador y muchos años cosario compañero de Juan Antonio, pese a ser estos dos pájaros figuras, mi tío prefería su Catrana, salvo muy raras veces sacaba los otros ya que jamás fallaba aguantando los dos puestos diarios. Lo cazó mayoritariamente en el termino del Valle de la Serena,  fincas de Aguas del Rey, Pedruégano, Colonia…, también en la Hoja, Campillos, la Pared, Vallejón de Quintana. En los diez o doce años que duró con plenas facultades de canto, hubo muchos que le tiró mas del ciento, digo que le tiró porque se le iban muchísimos, él que fue un gran tirador fallaba porque tenia una catarata en el ojo derecho y veía con dificultad.
Una tarde siendo yo un niño lo acompañé a dar un puesto al Españal, nos pusimos en un puesto que le había preparado Timoteo Costal que era albañil y los hacia como nadie en los billares que hay en el paraje llamado las Norias. Partimos en un caballo blanco colino y castrado que por entonces tenía para ir a los puestos y los galgos, este caballo había sido de la Guardia Civil, digo que partimos desde su cortijo Casa de la Pared donde pasaba temporadas y cazaba por todos aquellos lares. Nos metimos en el puesto y sobre un costal de paja y una manta que tenia para el efecto nos sentamos, antes le quitó la mantilla y de recibos muy suave y piñones comenzó su faena como siempre.
Le contestaron infinidad de campesinas que entonces había en esa finca, pues estaba acotada  siendo el guarda Emilio de la Guarda que a mi tío lo dejaba dar algunos puestos. Le tiró siete, yo por un agujero veía como entraban los pares y como los fallaba, jjj, pues mató tres. Recuerdo de una viuda que cuando llegaba a la plaza se iba al vuelo intentando llevarse al Catrana, a la tercera o cuarta vez se la tiro  pude ver que al lado había un terrón de tierra que se llevó el tiro, al pájaro aquel le era igual, él seguía su marcha como si nada.
La anécdota de Manuel Jallao la contaré cuando escriba algo de Copé.
Y bueno voy a concluir como fue el final de este fenómeno.  Cuando éramos perseguidos los perdigoneros por la Guardia Civil, porque así estaba la ley, y no se debía cazar, nos íbamos a los cortijos mas retirados, uno de ellos donde yo pernoctaba  algunos veces era el de mi querida amiga Petronila, casada con el maestro Alejandro, allí criaron a sus hijos muy amigos míos todos. Cuando di por concluida mi estancia partimos para Quintana Antoñillo Bermejo en una mula blanca falsa con muy mala leche, yo en una yegua. Cuando aparecimos por la Pared montados, los perdigoneros que estaban cazando por allí se zurraron según nos contaron. La cosa tenia migas pues si te cogían, multa procesamiento y lo peor te mataban el pájaro. A Antonio se le antojo que le enseñara la casa de la Pared  y así lo hice. Dejamos los pájaros en un banco de piedra que había en la puerta principal y fuimos a abrir por el corralón, cuando dimos por concluida la visita vimos que un cochino ibérico pequeñín de los que tenia sueltos Enrique Quintana el arrendatario había volteado la jaula del Catrana y andaba por meterle mano. El disgusto que me pegó fue mayúsculo ya que creía que le había roto las patas, pero no fue así se “desbolilló”  y eso no tiene cura, a mi tío se lo conté y pese a su disgusto no me riñó, solo me dijo que se moriría sin remisión y así fue, no duró un mes aunque le estuve dando bolitas de carne con pan leche y huevo cocido. Ese fue el final a sus dieciséis años de posiblemente el mejor pájaro que se puso en los tangos de Quintana . Me lo disecó Rosario la mujer de Mangarrute y todavía lo conservo.