LOS YERBACUAJEROS DE QUINTANA

 

“Cardos en flor”

  

   

    

LOS YERBACUAJEROS DE QUINTANA.

Todavía queda algún anciano mayor que yo vivo en Quintana ,creo que Placeres el Reondo, pues mi valorado y querido amigo Ramón el Muelle falleció el año pasado. Con ellos compartí varios años , en diversos términos de Extremadura , la recoleción de la hierba de cuajo( CYNARA CARDUNCULUS)  que se emplea para el queso de la Serena y otros.
El pueblo de Quintana fue siempre muy buscavidas y entre unos de sus muchos ingenios para  paliar la hambruna que era muy común entre la clase pobre  larecolectaban , asiicomo en la primavera tagarnillas ,espárragos,  collejas, lagartos ..y lo que se pillara.

Se trata de un cardo que  abre sus flores por  San Juan ,es una variedad de las alcachofas,en Cádiz le llaman ALCAUCILES.

Mi bisabuelo Diego y sus hermanos fueron comerciantes de este género y sin llegar nunca a ser potentados quiitaron muchísima hambre en el pueblo pues prestaban y daban dinero a los recolectores cuando lo necesitaban a cuenta de la hierba que posteriormente cortaban y traían a sus almacenes en Junio y Julio.

Iban por toda las regiones de la peninsula en las quehabía manchas , pero sobre todo a nuestra provincia y Andalucía.Se desplazaban en caballerías y la mandaban por ferrocarril al menos en el siglo XX…anteriormente es de suponer que lo harían en carros.

Hubo algunos personajes YERBACUAJEROS como Teleforo Parche y Pechito muy famosos..el primero por lo borracho que era y Pechito por su galga.
Al primero le dio mi tío José ,que continuó con el negocio de las hierbas,  quinientas pesetas a cuenta, se gastó el dinero en alcohol…las jumeras de este eran de quincenas. Yo que lo conocí de niño no lo vi  jamás fresco , siempre con su media melopea. Lejos de amilanarse cortaba la hierba de noche a la luz de la luna  y las estrellas para  durante el día ir a Arroyo de San Serván.

a pedir por las calles para  comer y así casi todos los años.Siempre cumplió con el compromiso de devolver el dinero que le prestaban.
Los que se desplazaban a Cádiz iban a la parte de Medina Sidonia y Naveros. En las dehesas de toros de lidia tales como Cantora, los Alburejos Jandilla….por decir alguna finca había y hay muchísimas matas ya que allí no se emplean herbicidas y la primavera que llueve es una explosión de flores azules en el mes de Junio.

El trabajo de cortar se hace con una tijera especial parecida a la que se utilizaba para esquilar las ovejas, solo que más ancha de hojas para mandar más potencia sobre el cardo y  a la vez cortar los estambres. Se echaban en una cesta también especial de mimbre o caña.

Es sumamente duro, pues para coger una arroba se necesita al menos diez doce horas siendo práctico, esa cantidad la cogían muy pocos, lo normal era algo más de seis siete kilos.
Las matas de cardos están en lindes y arroyos en Extremadura y posíos en Andalucía,  como su recolección es en Junio resulta  extremadamente dura pues si querías sacar el jornal había que estar desde el alba hasta las 4 o 5 de la tarde con un calor asfixiante.

Unaode los contratiempos que encuentras son las miles de hormigas que los cardos albergan así como los panales de avispas, que como no los vieras estabas es xpuesto a unas cuantas picaduras con la correspondiente lesión en un mano u ojo.

Por los años 90 estuve varios veranos cortando con mis amigos antes mencionados.

Salíamos de Quintana bien a Rubiales, Mérida , o al Arroyo de San Serván de madrugada  regresando por la tarde, eran muy hábiles y con mucho aguante. Cortaban la arroba a diario ,yo algo más de la mitad pues era principiante como he dicho, era un oficio muy trabajoso y agotador y lo consideraban más sufrido que el segar a mano con la hoz.

Un año fuimos a la provincia de Cádiz, partimos de Quintana en una furgoneta Ford que tuve por aquellos años a las dos de la mañana ,ellos dormidos. A las 6 estábamos en el término de Conil de la Frontera, en el paraje denominado el cerro del Toro en la carretera de Algeciras donde todavía queda uno de los toros de Osborne que hay en España. Esperamos a que amaneciera y cuál fue nuestra sorpresa qu eno había ni un cardo, el Reondo empezó a rajar y a reprocharme que dónde los había llevado. De allí partimos a una finca cerca de los Granujales donde unos años antes estuve cazando invitado por su dueño, que era el alcalde de Conil entonces. En una pista que sale del pueblo,antiguo camino de carros nos encontramos con un cercado de unas cincuenta hectáreas que estaba de cardos que no se podía andar  ,todos llenos de flores .Comenzamos a cortar un poco mosqueados pues estábamos  rodeados de toros de lidia fuera del cercado, garrapatas las había por millones ,nos subían por los pantalones ,yo me los até abajo a las botas  y asíy todo se colaban por el cuerpo, vamos una orgía jjj.

A mí semejantes bichos nunca se me han trabado al cuerpo,  eso me tranquilizaba pues en los descastes de conejos cuando me los colgaba en la cintura se me hacía un costurón entre el pantalón y calzoncillos con muchísimas .Nunca se agarró ninguna ,no les gustaba mi sangre, al contrario de las pulgas que se vienen todas me acribillan.
Mis dos acompañantes pensaban pernoctar en el campo, para ello llevaban alguna manta pero en vista de los inquilinos que había por aquellos alrededores que no dejaban de mugir se lo pensaron mejor y decidieron dormir en una pensión en Conil así que se ducharon que buena falta les hacía y durmieron como se merecían. Yo me fui a casa de mi hermano Nano que entonces vivía con su familia en ese pueblo.
A la mañana siguiente al alba ya estábamos en el corte y hasta medio día estuvimos cortando, envasamos la hierba en sacos y para Quintana partimos sin más.

A principios de la guerra civil se presentó en Quintana un capitán del ejército buscando hierba para, en campaña ,cuajar leche y hacer queso para las tropas . Le indicaron el almacén de mi tío que siempre tuvo hasta que falleció pues le daba muchísima alegría mantener su clientela. Aquel militar le ofreció por cien kilos lo que pidiera, por dinero que no se preocupara, pero él le dijo que dinero no, que si le podía dar a cambio viandas de comida que ya empezaban a escasear, en eso cerraron el trato recibiendo en  un camión  productos como café,harina, mantequilla, legumbres …con las que pasaron la guerra sin necesidades toda la familia en el cortijo de mi tío Francisco Rey, hoy de los García.

Bueno, y el último recolector comerciante de Quintana fui yo, mis antepasados solo comerciantes de los cuales heredé los archivos de las casas en España donde se vendía, así estuve unos años pero al faltar recolectores mi tío José le propuso a Manuel Martínez de la Morera su recolección y sus hijos lógicamente la venden directamente donde hay consumo.

En la antigüedad  ,para otras provincias se servía sin cascarilla. En el almacén de mis antepasados casi todo el año había mujeres de la calle Lanchas contratadas para cribarla con “barandones” especiales, los cuales, al golpearla  sobre unos bancos preparados al efecto, producían un sonido muy peculiar.

El último comercial de esta hierba que hubo en Quintana dfuíiyo, ahora muchos ganaderos que hacen algún queso para su consumo suelen ir a recolectarla ellos mismos.
También la vi en la finca de la Orden carretera de Badajoz cultivada. Varias hectáreas. Estuvieron a hacerme una visita dos ingenieros de esta para preguntarme y asesorarse de como se recolectaba. Les enseñé varias las tijeras y  cestas. No sé en qué quedaría aquello, pero dado lo duro que es su recolección creo que en “aguas de borraja”.

 

 

 

   

“Cesta y tijeras especiales”

  

EL CORTIJO DE COPÉ

Cortijo de Copé

La Morra

 

                   

 

“Majanos”

 

“Cortijo del Pelitordo”

 

           EL CORTIJO DE COPÉ

En la década de los 50, compró mi tío José este cortijo con sus 100 hectáreas. Está enclavado en la sierra de Santa Eufemia (Córdoba) en la parte de la umbría en el sopié de la Morra, es un terreno tipo dehesa con muchas encinas y monte, un paraje precioso y solitario.

Lo compró principalmente para cazar el perdigón. Aunque se cultivaba, su tierra pese a tener mucha piedra, es muy buena. Como la tenía de recreo mandó construir varios majanos de piedra, uno de ellos enorme con tres pisos y otra veintena más pequeños de dos casi todos. De pequeño recuerdo a mis tíos y sus amigos cazarlos con el hurón con un resultado espectacular, antes batían el monte con los podencos para después meter los bichos.

Entonces estaban de guardeses una familia de Hinojosa del Duque, Avelino y la Andrea que tenían tres hijos más o menos de mi edad y con los que jugaba a todo, también íbamos a coger faisanes, una seta excepcional que en los meses del perdigón salían.

En el cerro a la derecha del cortijo fue la primera vez que asistí como espectador de un puesto del perdigón, me llevó mi tío subido en el caballo alazán que tenía entonces para este menester. Del pájaro me acuerdo que lo llamaba Badajoz, se lo había comprado a Basiliso Fernández que estaba de policía en la frontera de Portugal, tenía siempre una colección de reclamos extraordinarios, había muchísima perdiz donde cazaba, el que era expertísimo en cazar mataba muchísimas todas las temporadas, utilizaba una paralela del 14 mm.

Volviendo al puesto, fue una tarde y tiró varios, aquel pájaro tenía la costumbre de mallear muy fuerte en el tango, le dije a mi tío: -tito ahí hay un gato jjj él por lo bajini me dijo que no que era el perdigón.

La experiencia no me gustó, pues no me podía “coscar” ni hablar, vamos un suplicio para mí.

En aquella época tenía para hacerle los puestos al Victoriano el Chato que estaba casado con la María de la tía Higinia   era sevillano y le gustaba el vino más que comer. Una noche se puso de aguardo en la Era pues según él entraban liebres, pegó dos tiros, al rato se presentó con dos conejos caseros enormes de los que tenía la Andrea sueltos…la llantina que cogió fue de campeonato por sus conejitos.  Una tarde cuando recogió a mi tío del puesto por la morreta del Pelitordo iba andando con el perdigón a la espalda y la escopeta  al hombro se arrancó una perdiz le disparó, el caballo emprendió a galope tendido para el cortijo sin poderlo parar, lo hizo cuando llegó a la puerta.

Sacaron en conclusión que posiblemente habría tenido alguna mala experiencia en la guerra civil con algún bombazo o vaya vd a saber.

El otro mozo de perdigón que tuvo muchos años antes que el Chato fue  tío Manuel Jallao de Higuera  de la Serena que toda su vida fue cosario de caza menor.

Era un hombre práctico al cien por cien en los temas de la caza. Un día que subían por la vereda de la umbría en el collado vieron que estaba la guardia civil, el Manuel emprendió la huida con el pájaro y la escopeta los guardias. Le echaron el alto y no paro, le dispararon varias veces, mi tío siguió vereda arriba  hacia la Morra hasta llegar a ellos.

  • Buenas tardes…no ha visto vd un guerrillero?.
  • Si vds saben que es un guerrillero no  disparán al aire.
  • Me parece que habla vd demasiado…yo en lo mío le hablo como quiera hasta al Caudillo. Bueno hombre, pues esta noche se presenta en el cuartel y se lo va a decir al cabo.

Regresó al cortijo y estaba el pobre del Jallao temblando pues le habían pegado muchas veces los civiles a cuenta de la caza.

Los albañiles que estaban trabajando aquellos días en el

cortijo eran de Santa Eufemia y le

advirtieron a mi tío que aquella noche como fuera al cuartel se exponía a recibir una paliza ya que el señor cabo se las gastaba así. El sabía que en la Comandancia de Pozoblanco estaba un capitán que de Tte había estado en Quintana y eran muy amigos y sin pensarselo se fue a verlo. Que te trae José? Ya sabe vd Don Domingo las cosas de la caza como siempre. Le contó el episodio y sin más se puso en la máquina de escribir y le redactó una carta, la metió en un sobre, la cerró y le dijo ésta para el cabo. Has hecho bien en venir a verme.

Aquella noche pues al cuartel, como lo había citado la pareja. Al llegar en la puerta donde estaba el cabo lo tuvo más de media  hora esperando y cuándo le pareció lo hizo pasar, mi tío sin dejarlo mediar palabra le entregó la carta y cuándo terminó de leerla le cambió la cara y le dijo que se podía retirar. Estuvo cazando muchísimos años cuándo estaba prohibido por la ley y no lo molestó. Entonces era el gobernador civil de Córdoba don Victoriano Barquero íntimo amigo suyo y primo de su mujer mi tía Beatriz y entre el capitán y el gobernador arreglaron el terreno para que lo dejarán cazar tranquilo.

Pasaron los años y se aficionó mi tío Vicente Dávila hermano de mi madre y cuñado suyo, también un catalán comisionista en lanas, que era el que le facilitaba los negocios en los lavaderos de cataluña, se llamaba  Nicéforo Valero.

Allí pasaron muchos años cazando tranquilamente, hasta que el sr.  cabo una tarde le quitó la escopeta al tío José y él desistió de cazar en aquellas sierras, pasando a hacerlo en Quintana y en el Valle de la Serena.

Por los años 70 se autorizó la caza del perdigón, entonces volvimos a cazar en el término de Santa Eufemia algunos de la familia.

El primer año que dispusimos ir a cazar partimos un día de la Candelaria en el camión desde Quintana con los colchones, pájaros y viandas mi tío José Pérez Cardona, Nino y yo.

Cuando llegamos a la venta que está al lado de la carretera dejamos el camión y andando subíamos al cortijo distante unos tres kilómetros  comprobando que era imposible hacerlo con el camión. La suerte nos acompañó ya que nos  encontramos con dos piconeros vecinos Miguel el tuerto y Aniceto que venían con sus mulas, le contamos el tema y no lo dudaron un momento, se ofrecieron a subir todos los enseres.

Cuándo terminamos era casi de noche, Nino regreso con el camión y ellos cargaron su picón y al pueblo. La noche para mi tío y para mi fue un poco de cualquier forma, pues la lumbre a base de jaras verdes que era lo que había a mano estuvo bastante ahumada y perfumada.

 

A la mañana siguiente salí a dar el puesto de la revolá y me puse en las zahurdas abandonadas, hacía muchos años que estaban muy cerca del cortijo. Me quedé sorprendido de la cantidad de perdices que había pese a estar el término de Santa Eufemia libre. Aquella impresión me causó una satisfacción enorme pues había caído en un paraíso acostumbrado a los Arrazauces y los sitios donde había cazado el perdigón.

Bueno, seguiré escribiendo de ésta  etapa de mi vida en esos parajes que marcaron y  llenaron  mi vida de un gozo total en lo que fue la convivencia con algunas personas entrañables, que muchas por desgracia ya no están con nosotros.

 

             “Castillo de Santa de Eufemia”

MI PODENCA CALAÑA

 

EN LA COLONIA:

           

MI PODENCA CALAÑAS

En el artículo de la COLONIA y PEDRO GORDO he narrado algunos recuerdos de mi bretón Kissin  y nada de la Calaña pues voy a contar un poco
de la mejor podenca que he gobernado con diferencia.

Por los años 75 cuando ya me había hecho de un nombre en el mundo de las pieles me puse a comprar comprar  de estas para una fábrica de Madrid a comisión, en ésta posteriormente estuve unos años trabajando y allí aprendí a curtir. Se trataba de clasificar los corderos y elegir entre miles un determinado tipo que se pudiera manufacturar mediante curtido y una
serie de planchados sobre la lana rasurada y teñida hacer una imitación a la
nutria de rio.

Por este motivo buscando caí en pueblo de Calañas (Huelva) donde habia unos almacenistas importantes y donde les compraba todo los merinos que salían aptos para “MOUTON”.

En esta almacén trabajaba un hombre que era el perrero de la rehala del pueblo se llamaba Bartolomé y enseguida hicimos amistad pues como nos unía la afición a la caza fue rápido el hacernos amigos.

Me llevó a ver los perros que los tenía en casetas a las afueras del pueblo al lado del basurero municipal de donde se alimentaban, entonces por Extremadura no se conocían rehalas, digo por Quintana y pueblos cercanos, quizás en Don Benito y Guareña hubiera alguna de don Francisco García y los Cortés.

Como digo fuimos a los perros y casi todos eran podencos con mastín pero había una perra pelicerdeña canela pura muy bonita y según me contó Bartolomé venía de la casta de una podenca que en los años posteriores a la guerra se había presentado en el pueblo y de ella se crió esta casta.

Quedamos en que me criaría una cachorra y yo le regalaba una pareja de hurones, así fue, recibí carta diciéndome que me tenia una cachorra y me invitaba a una montería.

Para allá partí y asistí a la batida sin suerte y me traje la perrita, se crió
en casa de mis padres y por entonces me regalaron una zorrita pequeña que le puse PENELOPE y juntas se criaron.

Era muy arisca e independiente, con el tiempo y el mucho trabajo a la que la sometía cambió y se hizo dulce y obediente. Cazaba perfectamente a la mano y para la escopeta.

Un día que fuimos a los arrazaos nos llegamos al cortijo de mi primo Isidro a beber, tenía un pato azulón que lo había criado con las gallinas, cuando lo vio la Calaña hizo por el, arrancó el vuelo y se fue al arroyo que estaba y está lleno de zarzas, le reñí para que no lo siguiera pero nos metimos en el cortijo a echar un cigarro y no habíamos acabado cuando se presentó con el pato en la boca mas vivo que cuando salió.

Fue superior e incansable. Aguantaba sin agua en los descastes de conejos hasta las tres de la tarde o más. Divertía a varias escopetas ella y el Kissin, la mayoría de los conejos se los matábamos con el perro de muestra y ella llamando “a parao”. Siempre frente a mi para cortarle el viaje.

En las finca el Umbriazo arrancó a cazar siendo una cachorrona, le tiré una canana y desde el primer día apuntó lo que siempre fue. INSUPERABLE.

Su cazar era pausado, no como mis Arcabuceros que los he seleccionado para que vayan a tope, ella rabeaba muy elegante con la cabeza a media altura, estaba sobrada de nariz, también tenía muchísima vista y oído lo combinaba todo, a cada conejo le hacía una faena que es lo que llena o al menos a mí.

En aquellos años cazaba con mis amigos del Valle de la Serena bastante, aunque lo mío era ir solo. Lo hicimos en algunos descastes fincas la Olla y Fuente de los Romeros orilla del rio Zujar y el Umbriazo en el Guadiana.

Los conejos eran plaga pasábamos del millar  holgadamente en el mes de Julio. También cazamos en el Vallejón cuando estaba todo libre. Estos tenían perros pequeños casi todos muy cruzados podíamos juntar alrededor de treinta…era un espectáculo verlos en los aulagares y monte. Los primeros que cogían se los comían jjjj hasta que se hartaban y mas de uno se llevaba alguna paliza.

Con esta pléyade de artistas se batía mi Calaña y Kissin dando siempre alguna pincelada de su valía.

En el Vallejón cuando empezaba a verse ya estábamos en el monte y partíamos con las luces de los coches mas de una vez. Mínimo cien bichos.

Otra finca donde disfruté mucho es EL COGOLLUDO DEL HERRADERO. Está en el término de Orellana la Vieja hace linde con el pantano, estaba llena de perdices y conejos hoy de merinas y chalet.

El grupo que tenía de compañeros era gente del norte y trajeron una lancha fuera borda para desplazarnos a los islotes del pantano  y
allí tirar los patos. Era un espectáculo los que había, bandos y bandos de distintas clases al venir el día iban pantano arriba venían de comer de los regadíos de las vegas del Guadiana.

Los montones de patos que hacíamos eran tremendos y mis perros sacaban muchísimos. Los pobres se acurrucaban conmigo temblando del frio y la mojada. Yo no les decía nada y  los dejaba pero en cuanto caía
alguno se levantaban y se tiraban al agua a cobrar.

Una mañana tiré 250 cartuchos del Rebeco munición del 5. Hoy no aguanto 50 …de esos ni 10.

La Calaña crió muchos perros y regalé en Quintana algunos. Una perra que fue famosa fue la Varilla que la tubo Francisco Catrana en su cortijo donde Zahúrda.

Me contaba que cuando estaba criando todos los días les arrimaba a los cachorros liebre o conejo para comer. Yo no la cace pero decían que fue muy buena. De ella criaron muchos y parece ser que todos se asustaban de los tiros.

Calañas (HUELVA)

COMENZAMOS

 

 

 

 

 

Llevo algún tiempo pensando que es una pena que  lo que escribo entre mis familiares y amigos se pierda, no es que yo pretenda ser un escritor de altura, mi cultura no da para eso, pero sí, lo voy a hacer. He  perdido muchas cosas que escribí de mi vida en su día,  me gustaría haberlas conservado,  pero … Este es el motivo de pedirle a mi hermano Victoriano que me preparara un Blog de esos que veo que él hace y que resulta  precioso y cultural.

Digo que mi cultura es muy limitada en casi todo, solo sé de mis profesiones, de perros y cacerías, que eso sí practique a tope en algunas etapas de mi vida.

Vamos a ver como sale este entuerto.

Va por vds..como diría un torero.

Llevo algún tiempo pensando que es una pena que  lo que escribo entre mis familiares y amigos se pierda, no es que yo pretenda ser un escritor de altura, mi cultura no da para eso, pero sí, lo voy a hacer. He  perdido muchas cosas que escribí de mi vida en su día,  me gustaría haberlas conservado,  pero … Este es el motivo de pedirle a mi hermano Victoriano que me preparara un Blog de esos que veo que él hace y que resulta  precioso y cultural.

Digo que mi cultura es muy limitada en casi todo, solo sé de mis profesiones, de perros y cacerías, que eso sí practique a tope en algunas etapas de mi vida.

Vamos a ver como sale este entuerto.

Va por vds..como diría un torero.

 

LA PACA DEL ALFARERO

 

 

 

 

 

 

Nací un 22 de Noviembre hace ya unas décadas en la calle Lanchas Altas de Quintana de la Serena, en la casa de mi bisabuelo Diego Rey “Tirito” , casa que hoy es de mi propiedad y donde el crió a sus hijos, los varones fueron muy aficionados a la caza, afición que heredé y practiqué desde chiquito.

En el arroyo del tío Pepe de mi pueblo, solían tirar los perritos recién nacidos que no criaban y muchos de ellos los cogía y en la cuadra de mi casa con trapos y paja les hacia su camita e intentaba sacarlos adelante con leche y un biberón, cosa que logre en muy contadas ocasiones. Un macho turco andaluz que le puse de nombre Cacho fue mi primer perro en propiedad. Después tuve el Romi y la Olga, mixto lobo y pastora alemana, pero estos estaban en el almacén de pieles de mi tío. A los dos los llevaba al rio Ortiga y logré a base de insistir que cazaran y sacaran gallinetas que entonces abundaban.

Otro tío mío tenia una escopeta de un caño del 9 mm y lógicamente no me la dejaba, pero le buscaba la vuelta y la cogía sin su permiso, compraba cuatro o cinco cartuchos y al río. Allí abatí mi primera codorniz después de tirar muchas que entonces había en las cañadas.

Pero lo mío fue muchísimos años el tirador y de el pasé con 12 o 13 años a mi escopeta del veinte.

Cuando nos ingresaron a mi hermano Nano y a mi en el Claret de don Benito , que para mi fue como meterme en una jaula iban a buscarme a la casa del Cerrito, donde vivían mis padres, los perros vagabundos que los tenia en el arroyo atados algunos en casetas y claro metieron al pájaro aquel en el colegio y me iban a buscar, así me lo contó la santa de mi mama.

Tengo un recuerdo especial de la perra churra ( así llamábamos a los turcos andaluces) de los alfareros que se llamaba Paca y se quedó sin dueño pues esta familia emigró al Norte. Era amiga de todos los chavales del pueblo y la utilizábamos para coger lagartos, era extraordinaria, daba con ellos como ningún otro, ¡cuantos días hice la remonta en la escuela de mi tito don Basiliso!,  y me iba con ella a lagartos. Las reprimendas por parte de mi mama eran de aúpa, pero no lo podía remediar aquello que llevaba dentro podía más.

Muchos de mis amigos del pueblo si leen esto recordaran a la Paca del Alfarero.

Bueno y con esto hemos iniciado la corrida, el toro ha salido y lo he parado y templado.

 

¡Hasta el próximo!

 

MI PERDIGÓN "EL VARILLA"

Una de las modalidades de caza que he practicado con pasión, llegando a ser una enfermedad para mifuela caza del perdigón y digo que fueporque dejé de practicarlacuando se perdió la perdiz pura y fuesustituida por los pájaros estúpidos que hoy hay en nuestros campos.Tuve muchos pájaros, creo que en mis espaldas se han colgado algunos cientos, pero buenos de verdad cuatro o seis. El Varilla entre ellos, este pájaro se lo cambié, por diez kilos de hierba de cuajo,  con dos celos al pastor queestabapor los años setenta en la finca ” El Zapatero”.De pollo le había matado dieciséis y de segundo celo catorce, lo cogió en el arroyo Almochón que atraviesa la finca.Cuando lo compré era “pitorro”, paticorto, ancho de pecho y cuello con muchísimo negro, le bajaban las lentejas casi a mitad de la pechuga, manso, en fin, un precioso ejemplar.El verano que lo compré cogí un carbunco y esa temporada me la perdí, pues los médicos aconsejaron que estuviera con mis padres y para Alemania partí donde estaban emigrados.Por este motivo se lo revendí a mi amigo Juanito Mellado del bar La Codorniz en cuatro mil pesetas quiero recordar. La temporada siguiente Juanito empezó a cazarlo con resultados muy buenos y a mía calentarme con las faenas del Varilla que así le puso de nombre ya que es mi apodo, yo le había puesto Zapatero. En mi mente se fraguaba recuperar el pájaro y fui preparando el terreno hasta que una noche en el bar me pidió diez mil pesetas y sin mediar palabra se las puse encima del mostrador y fuimos a casa de su hermano porél .

Lo cacé muchos años en la sierra de mi pueblo, montes Arrazauces. Allí conviví con la familia Bermejo en su cortijo, cuya madre, mi querida y entrañable Petronila fue la única mujer que cazaba el perdigón por aquel entonces, al menos por nuestros lares.

Pero donde lo cacé a tope varios años fueen el término de Santa Eufemia (Córdoba) en el cortijo de Copé propiedaddemi tío José. Nos íbamos el tío Diego, “el Chato de la Balbina,  y yo el día de la Candelaria y hasta San José pernoctábamos como dos guerrilleros cazando a tope con nuestros reclamos.Por las noches a la luz del carburo y la lumbre se formaba una orquesta de desafíos, jácaras, piñones …, ensordecedoraque nos encantaba. Y e tío Diego, pese a estar operado de traqueotomía, era un buen conversador, me contó muchas anécdotas de su vida y juventud que en otra ocasión os contaré ya que tienen mucha fuerza y espero hacerlo de forma que se aprecie la vida de aquel cosario de mi pueblo hasta que se tuvo que exiliar a Venezuela pasando mil y una penuria. 
El Varilla tenía un canto de cañón, jácara de seis u ocho golpes, a veces más, ronco, con cadencia y perfecto, seguido de piñones muy continuados y desafío o curicheo sin redoblar jamás.Éliba bajando el tono a medida que el campo se acercaba, cuando veía las camperas se le  ponía  la cabeza como un urogallo, enmoñado y se rebajaba de tal forma que a veces no se le escuchaba el recibo que lo acompañaba llamando a comida en el asentón.Por ponerle un defecto, para ser completo le faltaba las jácaras de buche, ahora fueinagotable, había tardes que le daba tres puestos tirándole en todos e iba desafiando bajito colgado en la espalda.Una tarde, como digo en el poema, le tiré nueve tiro a tiro, una viuda y cuatro pares,  si el puesto es por la mañana tiro la canana.Fueenla finca Los Morros y me llevó Tomás un amigo piconero de Santa Eufemia,  ya ha muerto.Esta finca lindaba con los baldíos y había cientos de perdices, valientes y sin cazarlas, maté muchos machos con las patas llenas de espuelas, algo espectacular y con unos cantos que se me pone el vello de punta recordarlos.Una temporada, no recuerdo cuál vino un señor de Madrid a Quintana preguntando por mí, se dirigió al secretario del Ayuntamiento y este mandó buscarme, se trataba de don Francisco Sánchez-Casas Domínguez, jubilado e inspector de hacienda en Madrid.Este señor se había enterado que yo tenía un buen pájaro y vino con intención de comprármelo. Era un señor culto,  se le veía que sabía del reclamo,  estuvimos hablando largo y tendido de esta caza. De golpe me suelta en el bar de la Codorniz que me ofrece cincuenta mil pesetas por el pájaro, ante mi negativa dice; pide por él. Yo sabía que si le pedía me quedaba sin él y le dije; este pájaro no está en venta señor, no hay dinero en el mundo para quitarme a miel placer de cazarlo.Ante mi negativa se fuea don Benito y allí el jefe de los municipales le vendió un mochuelo según cuenta en el libro que posteriormente escribió, RECLAMOS Y RECIBOS, libro que tuvo la deferencia de mándamelo dedicado.Otro que vino a comprármelo fueSerafín Alarcón Molina, este señor escribió muchísimos artículos en las revistas de caza, muy buenos, no lo que hoy leo. Era de Almería y me dijo que cazaba en toda España, resaltando que la  caza peor para el reclamo era la de su tierra. Muy buen rato estuvimos charlando en mi casa con el Varilla de testigo, y lógicamente pese a ofrecerme también porél, no se lo llevó.
 Me duró diez celos y en el patio del corralón de mi tío debajo del limonero enorme en que lo tenía, un verano que hizo un día nublado con un calor sofocante con calima del desierto de asfixió. El disgusto fue mayúsculo para míy para mi tío ya anciano, pues a él le daba todos los días y a todas horas su recital.Así murió un pájaro excepcional donde los hubiese.

En una finca de Córdoba

un veintidós de febrero

a mi pájaro el varilla

comprado en el Zapatero

le maté nueve perdices

que las guardo en mi recuerdo

como gesta inalcanzable

con perdiz de aquellos tiempos.                    

Hoy con mochuelos de granja

y un par de miles de euros

te puedes apiolar

un par de miles de cientos

y luego pavonear

y presumir de jaulero

sin haber saboreado

el canto de aquellos pájaros

y el saber perdigonero.

DEL TIRADOR A LA DEL VEINTE-RETAZOS DE MI INFANCIA

“Yo nací cazador”,  decía el doctor  Don José  Muñoz Seca al comenzar a escribir  su libro Perros y Cazadores, y todos los que hemos nacido bajo esa impronta, creo que tenemos un sitio especial en nuestra memoria para las primeras piezas muertas en estas lides. Yo las recuerdo con un cariño especial, dado que se desarrollaron en una época de mi vida en que era un niño, un niño nacido cazador también,  a Dios gracias, y esto  ocupa en mis adentros un lugar privilegiado, de modo que cuando las recuerdo me hacen sumamente feliz. Trataré de escribir como si estuviera en la chimenea de un cortijo alrededor de una lumbre hablando   con mis amigos, esto sí lo he practicado a tope en muchas etapas de mi vida, aunque ya por desgracia menos , bueno ,ahí va mi primer conejo y otras.

 A principios de los  años sesenta acompañaba a mi maestro de la vida y tío abuelo José  en  los viajes que hacía para comprar pieles, lanas y herboristería de las cuales era almacenista. De esta última tenía delegados en muchos pueblos de Extremadura y Sierra Norte de Sevilla, entre ellos La Morera, en la  provincia de Badajoz donde bastantes hombres del campo de este pueblo en verano se dedicaban a recolectar orégano, hierba de cuajo, poleo… que una vez preparado y envasado  retiraba en camiones a su casa para luego negociarlo por toda España y Portugal.

  El panadero de La Morera creo que fue el primero  que ayudó a mi tío en el tema del orégano. Se llamaba de apellido Carretero y era un hombre bajito, aficionadísimo a la caza. Lo habían cogido varias veces los civiles cazando de furtivo y por esto estaba procesado. A mí me encantaba escucharle contar cómo hacía los aguardos y cómo burlaba a los guardias, todo un personaje.

  Uno de los veranos, no recuerdo la fecha pero para el caso poco importa, fuimos a retirar el orégano y los hombres aquellos que eran chapados a la antigua, duros, sufridos, curtidos por el sol y el frio extremeño, cazadores todos, con escopeta de perrillos y menos papeles que una liebre, proyectaron, con la veda ya echada, ir a matar unos conejos para hacer una caldereta y llevarme invitado y con escopeta. ¡Qué me dijeron!, yo no había matado nada más que gorriatos, palomos, tórtolas… con el tirador y esto me impactó tanto que me tuvo sin dormir y en ascuas hasta que llegó el  esperado día, pues intuía que podía matar algo de importancia y sentirme cazador con pólvora.

  Nos hospedamos en una fonda que había frente al bar BIOSCA, cuyo dueño se llamaba como yo y desde allí, con la luz de las estrellas, salimos a lomos de  los burros unos y otros andando,  el Chovo hermano de este, Manuel Martínez, y otros dos o tres que no recuerdo sus nombres, traían varios perros pero a medida que atravesamos el pueblo se iban juntando a la partida  algunos más hasta reunir una buena recova de todo tipo, desde podencos hasta los típicos mil leches.

  Paco Biosca tenía una podenquilla de capa alobada preciosa que se llamaba LOBY, la cual  cuando cazaban ellos a un zurrón partía como una escopeta, pues era una auténtica especialista en cogerlos a diente. Acabó regalándomela, despreciando mil pesetas que le ofreció  mi tío,  pues  me enamore de ella y le pedí  que me la comprara pero el Biosca le dijo: una perra como esta no tiene precio ni se vende así que se la regalo a mí tocayo y no hay mas que hablar,  fue durante años mi compañera de aventuras. La tuve  también amaestrada que la mandaba a coger los pollos,  gallinas o peladillas  en el cortijo y me las traía a la mano sin dañarlas indicándole con la mano la que quería.

  Por un camino en dirección a Badajoz nos apartamos y subimos la sierra  entre olivares pues a la parte solana se encontraba el coto donde íbamos a realizar la cacería. Era LA JARILLA, entonces  propiedad de un señor de Miajadas  con cuyos  hijos, Manolo y  Pepe Bote, estudiaban conmigo en el Claret de don Benito. Cuando llegamos al cuchillar a la sombra de unos canchos y chaparreras  espesas ataron y  manearon los burros más o menos escondidos y nos dispusimos a cazar. A mí me dijo  el Chovo “sígueme” y en una vereda que subía me señaló una encina “diciéndome” súbete y no te cosques hasta que yo venga. Si ves al guarda no corras ni te muevas, que no te verá y seguro que te entran algunos conejos por la vereda”.

  Allí  me dejó solo subido en la encina como un mochuelo con mi escopeta del 20 al amparo del monte. Al rato empezaron a oírse algunos tiros y los jais.. jais… de los perros latiendo los conejos. Yo pensaba en lo que me dijo del guarda y estaba un poco mosca, de golpe  miré para abajo y  tenía un conejo comiendo,  que  de vez en cuando  se sentaba de culo a escuchar. Cómo me puse, me entraron unos temblores y creía que se me salía el corazón. El conejo comía y yo tenía un sufrimiento que no podía aguantar. Cuando le pareció echó a andar hacia las jaras y entonces le sacudí un tiro que no dijo ni pio. Si antes tenía  tembladeras ahora se juntaron con cagaleras pues lo del guarda me tenía con la mosca, me bajé, cogí mi víctima en mis manos temblando y poco a poco  me tranquilicé, me volví a subir y aunque vi algún conejo más no volví a tirar.

  Pasaron un par de horas que a mí  me parecieron  eternas y vino el Chovo  por mí celebrando y dándome la enhorabuena por mi víctima. Ellos llenaron los zurrones. Contentos y felices regresamos de nuevo a lomo de los burros a la Morera para seguir envasando el orégano

   Aquella noche hubo caldereta y fiesta y este fue mi debut con los orejotas en  compañía de aquellos hombres extremeños  primitivos, duros como el diamante y buenísima gente.                                

       El tirador fue durante muchos años mi arma, me lo fabricaba de forma que la horquilla me gustaba de olivo, él chinatero,  íbamos a un sitio donde los zapateros del pueblo tiraban los residuos de cuero y rebuscando entre los recortes encontrábamos algún trozo para hacerlo y las gomas ahí si que había que estudiar la que elegir pues el maestro YIYO zapatero remendón que las vendía tenía de tres clases unas que no servían para nada de cámaras de coche que decíamos que eran de chicle pues estiraban mucho pero no mandaban fuerza, otras de camión también negras buenas y las naranjas que nos tenía metido que eran de avión, insuperables. Tenía tal destreza que entre los chavales del pueblo  no había ninguno que me ganara a matar volandones. Decían que era porque tiraba con bolas de barro que iba guardando para la temporada, las cuales las ganaba en las partidas que nos echábamos jugando al guá, pero que va, era porque la mayoría de las siestas del verano me escapaba de la cama y me tiraba todas cazando en el huerto de mi tío y llegué a matar palomos y aviones, que es como  llamábamos a los vencejos, al vuelo y  claro , la mucha practica hace el maestro. Había un zagal algo mayor que  que era un auténtico figura, “El Pocho”, y  hasta a este le ganaba. Ya mayores, recordando los tiempos, me decía “sí, sí, tú me ganabas pero el cuco del almendral de don Carlos quién se lo cargó”. Era indómito y  no hacía otra cosa que cazar, de vez en cuando  hacía la remonta en la escuela y me iba a echarle  un desafío a los olivares y huertos de las afueras del pueblo. Empezábamos con los telarines feos, que así le llamábamos a los chamarices o verdecillos, que eran los primeros que se tiraban de los nidos, y luego los gorriatos. Qué auténtica gozada cuando entrabas en un olivar de aquellos y estaban piando en  los arboles, hacías un recuento, dos en el almendro grande, otro en el peral, otros tres o cuatro en el nogal…, vamos era un verdadero paraíso cinegético escucharlos y buscarlos. ¡Qué cotos y que cacerías!   

  Cuando fui a examinarme de ingreso al Instituto de Castuera por supuesto me llevé el tirador y en las aceras de este pueblo había muchos morales que estaban llenitos de volandones, no recuerdo cómo me escapé del control de mi madre y profesores pero la que formé aquel día fue sonada. No me cabían las piezas en los bolsillos del pantalón y me las metía en el seno poniéndome barriga y camisa hecha un Cristo. La reprimenda fue de aúpa y al examen entré con los pantalones y niki llenos de sangre seca de mis víctimas. Menos mal que aprobé con un siete.

Aquí había dado por concluido el texto, pero mi hijo José Vicente me apunta que cuente sobre el tirador que le hice hace unos doce años, pues bien, ahí va. Como todos los padres cazadores que tenemos hijos, mi afán era que saliera cazador y cuando tenía cinco o seis años  le preparé el consabido tirador y  lo probamos en mi casa, con tan buena suerte que me entró un vencejo a buena altura, le tiré y al suelo, yo no daba crédito después de tantísimos años sin practicar y mi niño se quedó anonadado,  se creía que  su padre era un mago o que sé yo. Volvimos a intentarlo infinidad  de veces y no cayó ninguno más, como era lógico. Le eché la culpa a la falta de bolas de barro.

EL CORTIJO DE LA PETRONILA

 

Por la década de los sesenta-setenta, teníamos por costumbre la pandilla de amigos, reunirnos a pasar la Semana Santa en el cortijo de La Petronila. El grupo era de unos ocho o diez pandilleros.En la mula torda y la burra de esta familia cargábamos las viandas, unos cabalgando y otros andando partíamos desde Quintana a pernoctar estos días.El cortijo, distaba unos quince kilómetros del pueblo. Una vez que pasábamos el arroyo del Arrazao,aquello que era la tierra sin ley pues la Guardia Civil muy raramente nombraban servicio por esos parajes, el camino se había abandonado estando por muchos sitios intransitable para vehículos, en cuanto entrábamos en las jaras, fuera la época del año que fuera, unas veces con Antoñillo Bermejo, otras solo, nos poníamos a cazar al salto con los perros, los otros eran más jóvenes y no disponían de escopeta.

Por las noches, la fiesta consistía en rodear la lumbre y cantar flamenco, Bermejo por Juanito Maravillas, yo por A. Molina, del resto no recuerdo de alguno que se lanzara, quizás Alejandrillo. Las melopeas que cogíamos, a base de vino, eran de primera división, yo me ponía la garrafa de arroba a mi lado y con un vaso les iba dando a cada uno diciendo; ” vaso por barba caiga el que caiga”, los más ansiosos solían caer los primeros y se retiraban a la cama que distaban unos metros de la lumbre y más de una vez las vomitonas estaban por doquier.
Solía acudir a la fiesta Claudio Chalequillo, el hijo mayor del tío Baúles, que tenía un cortijo más hacia los Vuelos. Chalequillo era todo un personaje, tenía una podenca que se llamaba Mari y con la borrachera se iba a dormir a su cortijo siguiéndola pues de la vista no andaba muy allá y con la castaña menos. Le decía a la perra: – Mari coge la “verea”, y la perra se ponía a un par de metros por delante y le indicaba el camino. También la tenía enseñada a buscar la navaja o el mechero, dejaba caer en el camino uno de éstos con intención y a un kilómetro  o más le decía: – “Mari, el mechero se ha perdido”, la perra cogía el rastro de sus pasos y se lo traía. Le tiraba muchas liebres a la perra pero menos le mataba, tenía unas gafas de culo de vaso, pues su visión era muy limitada. También le gustaba el perdigón y el muy tunante en los tangos de muchos puestos tenía hecho comederos y en la época de los bandos los aguardaba horas, hasta que entraban y el resultado os lo podéis imaginar. Su medio de locomoción para ir al Valle de la Serena, su pueblo, era el burro Apache donde acarreaba sus sustentos, leña para guisar y calentarse. En aquellos años por allí no se conocía el butano ni la luz que no fuera del carburo o candil.
Otros que se apuntaban por las noches era Antoñito, hijo de la María, hermana de la Petronila y del Glorio, este era muy nuevo y enseguida se mareaba con el vinate.
Acudía también mi primo Isidro Rodríguez, hijo de mi tío Benito que vivían en su cortijo, tenía un rebaño de ovejas churras y cerdos ibéricos, era un hombre buenísimo, igual que su mujer, la tía Rosa. Una noche le pinté la cara con el siguiente truco que yo de muy pequeño se lo vi a hacer a José el Garrido en la viña, se lo hizo al Mozo Cuerda. Al maestro Alejandro, marido de Petronila, le pedí una gorra bilbaína vieja y en el culo de la sartén la restregué bien para que se le pegara el tizne de la lumbre, aquella noche cuando estábamos reunidos en torno a la lumbre le digo a mi primo Isidro: – Primo, la semana pasada estuve en Barcelona y me enseñaron un truco de magia, ¿quieres que te lo haga?. – Venga primo Paco, amos allá. Nos sentamos en una silla uno frente a otro y lo puse al tanto en qué consistía.    – Maestro traiga usted dos boinas y una navaja, dele a mi primo una gorra y otra para mí, lógicamente a él le dio la que estaba con la tizne y la navaja. – Vamos a ver, guárdate la navaja en el bolsillo y no la toques,  ehhhh, vale primo?. – Toma la gorra y lo que yo haga con la mía tienes tú que hacer. – Vale, vale. – La navaja pasará de tu bolsillo al mío. – Jajaja primo Paco , ¿cómo?. – Yo diré, navajita vente y haré lo que verás con la gorra, tú dirás: – Navajita no te vayas y harás lo mismo con tu gorra,   ¿vale?. – ¡Vale!. El primer viaje me pasé la gorra por la cara diciendo: – Navajita vente, él hace lo mismo y dice: -Navajita no te vayas, jjjj, se puso como un cristo y los que estaban alrededor de la lumbre por los suelos meándose de risa, así estuvimos con el vente y no te vayas hasta que se puso como un auténtico negro. Él tocó el bolsillo que era lo que estaba yo esperando y le dije: – Has tocado la navaja, se jodió el truco ya no se viene. Él se mosqueó y seguimos con el vino, los demás se meaban de tener un negro por compañía sin enterarse él lógicamente. Pasado un tiempo, le digo: – Vamos a ver primo Isidro, ¿a qué te pinto la cara de negro con mi pensamiento?. – Anda allá. – ¿Quieres ?. – Venga. Lo puse delante y le dije: – Mírame a los ojos, cuento tres, uno dos y tres. ¡Ya está!. Maestro, traiga un espejo. Cuando se vio no daba crédito, la gente por los suelos desternillándose de risa  y él me dice: – Primo Paco, dime ese truco que mañana todo el que pase por el camino lo pinto de negro, al primero al tío Felipe  Chusquito. Así pasábamos las noches. Mi primo hoy es un buen hombre tiene tres hijos, una hija guapísima casada y dos varones que tienen una buena ganadería de merinas en el  cortijo y naves que hizo en las tierras que le compró al tío Antonio Singorra, todos son como su padre, trabajadores y buena gente como Rodríguezque son.

También hacíamos algunas excursiones a los cortijos abandonados,  hoy casi todos derrumbados, el de Cavila, el de Jauja, Palitos, Culebrita, el del Colorao …, a coger pájaros que se refugiaban y con la luz del carburo y una tabla hacíamos carne.
Nos gustaban mucho los  gazpachos en la barreña de encina y era todo un ritual hacerlos se le machaban una o dos cogutas ( cogujadas) asadas al majao, esa era una costumbre ancestral en los cortijos de los arrazaos, así como en vez de migar con pan se hacía con conejo asado cuando lo había.
Aunque íbamos bien previstos de viandas cuando llegaba el viernes la cosa estaba en las últimas, algunos abandonaban. Lo menos tres años recuerdo haber matado una liebre, y más o menos en el mismo sitio, en Puerto Ancho, cerca del olivar de Baúles. El sábado santo arroz con liebre, lo hacíamos en la solana del cortijo y nos poníamos como chotos.
Antoñillo y mi hermano Nano iban al cortijo de Pedro Antonio y la Vicenta, mujer de Luismi por un par de huevos pal gazpacho, los hartaba de leche de cabra y perrunillas. Tenían mucha cara y así escapaban de primera. Alguna vez me llevé un par de perdigones si la Semana Santa no era muy adelantada. Me acuerdo una mañana en la morreta de Socorro, que había un puesto en un villar me puse con el pájaro Cabezón y le hizo una faena a una perdiz viuda que la recuerdo como la mejor que escuché en toda mi vida de perdigonero. Le hizo de todo, guarrearla, águila, titeo, recibos con glúteo…, hasta pisó el asentón como si la estuviera cubriendo, nunca vi otro pájaro hacerlo. Me tuvo hasta más de las once y no se la pude tirar, no entró en plaza. Este pájaro lo compró mi tío en Zarza de Alange y fue el que me aficionó de verdad a cazar esa modalidad. Era muñequero, ya contaré su historia.
Allá pegando a Fuente Quemada hay un cortijo que tiene una historia que me la contó muchas veces el maestro Alejandro, es el cortijo de Taramón, vivían una familia del Valle creo que familia de la Petronila, pues bien a estos campesinos los fusilaron después de la guerra civil por ayudar a los guerrilleros, pero realmente no fue su ayuda a estos sino a los guardias que se hacían pasar por ellos, la contrapartida creo que se llamaban. Los detuvieron como hicieron con muchos campesinos y los quitaron de en medio. Taramón era un hombre muy querido por todo el mundo, en su cortijo pernoctaban muchos cazadores y perdigoneros. Mi tío me contó que se empelotaba, se restregaba en el barro de las charcas, esperaba los jabalíes con el cuchillo y cuando estaban ocupados en sus baños pinchaba y mataba. Debió ser muy valiente y templado para hacer una gesta de tal calibre.

                                                   “Cortijo de Taramón”

 

                           “Cortijo de Valentina prima de Taramón”

EL YATE

 

Cuando vine de la mili, vivía con mis tíos José y Beatriz, que no tuvieron hijos, a mi me consideraban como suyo, de hecho heredé de ellos el cortijo de la Viña con su bodega y tierras, la casa en que vivieron que  fue de mi bisabuelo Diego Rey, donde murió y nací yo.

Como con diecisiete años me negué a seguir encarcelado en el colegio Claret de don Benito, me puse a trabajar y aprender el oficio de mi tío, también de mi bisabuelo,  fueron almacenistas de pieles,  lanas y bodegueros.

Le pedí a mi tío el camión que teníamos para el transporte en los negocios , me puse por mi cuenta a comprar chatarra pues tenía buen precio y Juan Antonio del Pozo vecino de Quintana, pielero  afincado en Azuaga compraba mucha, me dio precio y por los cortijos y donde podía fui reuniendo una buena cantidad, una vez juntado los kilos que cargaba el camión se la llevé,  me la pagó a doce pesetas, dos más de lo que me había dicho. Siempre se portó muy bien conmigo, cuando iba nunca me dejaba ir a comer a la fonda, lo hacia en su casa con su mujer y él. Con lo que gané de aquel viaje que fueron unas veinticinco mil pesetas, le dije a mi tío que quería ponerme por mi cuenta y emprender mi negocio de pieles y lo que pillara, a él le pareció bien , lo primero que hice fue comprarme un coche.

Agustín el Mermo había traído de Barcelona una furgoneta citroen dos caballos de dos plazas, blanca y roja, creo que las tenia la Coca Cola para reparto, la matrícula era B quinientos y pico mil, el 500.000 lo recuerdo los otros números no,  nos pusimos en trato y se la compré en trece mil quinientas pesetas,  con ella emprendí mi aventura de industrial, jjjj,  con mi “aiga”, le puse EL YATE con pintura verde en el capó.

Empecé a comprar pieles por los cortijos de la Serena y la Siberia allá por los términos de Castuera, Campanario, Orellana …,  llegaba hasta la Puebla de Alcocer.

Me conocía todos los caminos y fincas e hice muchas amistades con los pastores y pastoras que me ofrecían leche y pan con queso. Las pieles que recolectaba eran casi todas de merinillas y pellicones, así se les llama a la de los corderitos que se morían, también de ovejas, cabras …,  se las pagaba con hierba de cuajo o dinero. Algunas veces me llevaba a algún amigo de acompañante pues estar todo el día solo por aquellos parajes me aburría. Mi amigo Diego Martin “El  Largo” vino muchas veces.

Un día me llevé a mi amigo Bartolo Mangarrute y como yo había visto que en unas minas abandonadas había conejos nos llevamos su hurona y las redes, no recuerdo si pillamos aquel día alguno, pero otras muchas ocasiones  sí, cuando íbamos de furtivos al Censo y la Mata Abajo  llenábamos un saco. Entonces él tenia una perra setter chocolate que la llamaba RUBIA , era hija de una setter negra de don Miguel Barquero y un perro irlandés precioso que tenia Polín, aquella fue un prodigio de animal. Cogía los conejos que se nos escapaban de las redes a carrera como le diera unos metros antes de encerrarse, fue de lo mejor que hubo en Quintana mientras duró. Me la regaló anciana y la operé yo de un quiste en una teta que le salió, con una anestesia que era un tubo que al romperlo se lo quedó frio y pude cortárselo y coserla sin sufrir.

Cuando veníamos aquella tarde de la Serena cargado de pieles y la hurona debajo de la silla antes de llegar a Castuera nos para la Guardia Civil, se nos pusieron de corbata, me piden la documentación del coche y nada, que no la encontraba, a todo esto el cascabel de la bicha sonando cuando se movía en el corcho. Los papeles caí en la cuenta que los había bajado en casa y no los llevaba, así se lo dije al guardia, no me denunciaron, nos vería cara de buena gente, la que tuvimos por la cascabela el Manga y yo fue buena.

A mi me gustaba ir de fiesta los domingos a Campanario, su ambiente y su cultura a lo andaluz me tiraba más que otros pueblos,  las chicas que eran simpatiquísimas y algunas guapas a rabiar. Iba en mi YATE, siempre se apuntaban unos pocos de jóvenes que los subía en la parte  atrás,  como a los perros, jjjj. Me daba no sé que entrar en el pueblo con semejante vehículo y lo dejaba en las afueras del pueblo frente a la fábrica de harina. Cuando acababa la fiesta íbamos al Yate, por lo general se apuntaban más de los que había llevado a la ida llegando casi a no poder con la carga e iba con las luces mirando al cielo.

El disponer de mi propio vehículo me dio mucho poderío, pues aparte de empezar a tener mi dinerito para el tema de la caza me puso a un nivel de privilegiado, pues antes, salvo en la moto Guzzi de mi primo José y el Seat 1400 que alguna vez me dejaba mi tío algún domingo, mis cacerías  se desarrollaban únicamente en el termino de Quintana, con el Yate ya podía ir a otros sitios, fincas y terrenos libres de otros pueblos.

Salía muchas veces, solo, que es como de siempre me ha gustado cazar, con mi perra Terry, mi paralela del veinte, con las luces del alumbrado me iba en el coche de San Fernando, unas veces a pié y otras andando a los Arrazauces, solía entrar Arrolario arriba por lo de Zahurda, llegaba a lo último del Estendijón y Fuente Quemada, el regreso lo hacía por la umbría a Jollá Vaquera, cortijo del tío Currito y Frontones de la Pared donde ya me oscurecía. Me entraba una gran tristeza abandonar la sierra pues hasta el próximo domingo ya no podía volver.

Con el Yate íbamos un grupo al Campillo de Llerena y pasando el cementerio de los italianos a la derecha salía un camino que conducía a los olivares. Mis compañeros eran, Doro Catrana, Manuel Peluca, Manolo Mollergui y algunos más que no me acuerdo. Había muchísimas perdices y liebres y nos dábamos buenas palizas de cazar todo el día, como era antes. La verdad que estábamos muy compenetrados en llevar bien la mano y disfrutábamos, alguna vez el Peluca nos la liaba pues era zorro viejo y cosario. Conmigo tuvo más una de pelea pues yo no lo dejaba pasar ni una y si insistía en sus marrullerías los dejaba y me iba solo.

Tenia en aquellos años una perra garabita, negra con el pelo duro, me la regaló en la finca Garrapilo de la Barca de Jerez el sargento Curriqui, era hija de un podenco andaluz pero duro y una pacha, fue mi compañera algunos años, cazaba a lo pointer, rapidísima, con unos vientos superiores, sus cobros a perdices desaladas eran espectaculares. Un día caí una en los cerros de Melenillas, detrás del olivar de San José, atravesó el monte y el olivar, saltó la pared, en el camino que va a los Claros la cogió, me la trajo viva y resultó ser un macho de los mayores que he visto, la faena la pude ver desde los canchos del cerro. A las liebres como le tocaras se perdía, las cobraba pasado media hora o lo que hiciera falta.¡¡¡ Cuanto disfrute con mi Terry y como la quise…!!!. Le crie de ella a muchos cazadores y en Quintana estuvo años su casta. A Timoteo Costal le crié una de ella y del setter de Polín, superior, la llamaba Biatri, en el rio Ortiga sacaba gallinetas como ninguna,  también fue como su madre incansable. La última que controlé de su casta la tenia Diego el Latero, la Mori, la vi un día cazando por bajo del cerro el Romo, tenia el mismo estilo, le dije que me la vendiera accedió y pasó a ser mía,  fué la que mató a mi Calaña en una pelea donde tenía mi primo Pepito los perros,  yo se los había cedido.

La Terry cuando faltaba de casa de mis tíos por algún viaje,  que entonces por motivos del negocio eran asiduos a Madrid o Barcelona, se iba a buscarme al cortijo de la Petronila y cuando veía que no estaba regresaba.

Se sabia todos los puestos del perdigón del Arrazao ya que entonces cazaba la perdiz con el pollito y entre puesto y puesto al salto.

Bueno y del Yate nos hemos ido a recordar mi querida Terry. La faena ha sido de verónicas rematada con una medía. Espero os haya gustado

MI PASO POR LA MILI

En el mes de Julio, por las fiestas de la Velada de mi pueblo nos llevaron a los quintos de aquel reemplazo a Obejo Viejo al campamento de reclutas y Llano Amarillo, donde hacíamos la instrucción, que dictaba unos tres kilómetros de los barracones en que dormíamos, aquello era inhumano por las condiciones que reunían las instalaciones. Consistían en naves con techo de Uralita y paredes de bloques , el calor era asfixiante y los millones de mosquitos nos achicharraban a lancetazos, dormíamos porque el cansancio nos rendía y porque algún veterano nos apuntó que el poleo ahuyentaba los mosquitos. Nos dieron unas sabanas color casi chocolates y con ellas tuvimos para el tiempo que duró aquel infierno. Nuestras necesidades las hacíamos en el monte, era un espectáculo bochornoso ver como estaba de mojones de todos los colores. Comía una vez al día  en unas cantinas que había dirección al pueblo ya que la comida del rancho se me metió en la nariz el olor a asperón, con lo que lavaban las perolas, y me producía arcadas. Cuando juramos bandera fue mi tía Beatriz por mi en un taxi, tenía un cachorro podenco de los muchos que los mandos tenían en el campamento, al perrito me lo tenía camelado y todos los días lo buscaba y por la tarde en las horas libres era mi amigo,  pero el día de la jura con tanta gente se metería en el monte y no lo pude encontrar para traérmelo al pueblo, lo cual me disgustó.
De Obejo pasé al Segundo Deposito de Sementales de Jerez de la Frontera, donde el teniente coronel  jefe , era mi tío Gregorio Lambea Rey, allí cambió todo.  Era y es un edificio precioso, con duchas, camas y buena comida que a diario se la llevaban para probar y dar el visto bueno el jefe. Yo como sobrino tenía algunos privilegios ya que los sargentos me apreciaban y me dejaban salir a Jerez de paisano. Los sementales que en aquellos años había en  el cuartel eran de lo mejor de España, sobre todo en españoles y árabes. Caballos emblemáticos, de sus genes han sacado muchas de las ganaderías actuales,  recuerdo al MALUSO, su hijo AGENTE fue el mejor caballo del mundo en el PRE de su tiempo, murió en la feria de Sevilla de un cólico, lo tenían enganchado  a la quinta potencia en el coche del cuartel, a disposición de la familia del militar Coloma Gallego. El cochero TORRALBA que no era militar, trabajaba en el cuartel y era un espectáculo verlo en la pista cuando ponía al AGENTE de “pericón”. También recuerdo a ALBERO II, que se lo llevaba el torero Diego Puerta para cubrir su ganadería, otro GORRON II, del hierro del Bocado, puro Terry, era el caballo más noble del cuartel, lo queríamos todos los soldados como si fuera nuestro, otro del Bocado HISPANO lV, que lo compró mi tío para el cuartel, para no cansar al CARIÑOSO III, Terry también.  Con este caballo fui destacado de parada al cortijo “Coto Capitán”, en el término de Mirandilla ( Badajoz), propiedad de don Francisco Fernández-Daza, en el finca disfruté de aquel caballo montándolo con una manta y una cabezada de cuadra. Los guardeses eran de Campanario, buenísima gente; Juan Bolaños “el Arremangao” y Catalina su mujer. El yegüero  Diego Gallardo, que pese a ser un anciano casi ciego, era muy hábil para coger aquellas yeguas cerreras y arrimarlas al Cariñoso, era también de Campanario y conoció tres pueblos en su vida, Campanario, Mérida y Mirandilla. Como me acuerdo de él …, un santo inocente de los muchos extremeños que he conocido, totalmente analfabeto  con un corazón que no le cabía en el pecho. Por aquellos años mi amigo Candidato de Quintana grabó un disco Long Play, yo lo tenia así como algunos más y en un tocadiscos de pilas le ponía a Diego un disco de Fosforito por  martinetes a 33 revoluciones cuando era de 45 y él lo escuchaba como si tal cosa, su comentario : “ao…hijo…parece un cochino del  marqués”. En el mes de Mayo regresé al cuartel con el caballo en un vagón de ferrocarril, una manta dos alpacas de paja, algo de comida y agua para el Cariñoso y para mi, era lo que llevaba. El viaje fueron dos días, en Sevilla aparcaron el vagón y nos tuvieron un día con su noche. Solos los dos mirándonos. La ciudad de Jerez me gustaba, es una ciudad con señorío, vi alguna vez a un Domec, que le llamaban los soldados de Jerez “El Pantera”, con un coche con uno o dos caballos paseando por las calles. También pasaba en el reñidero de gallos muchas tardes, entonces lo llevaba un tal Atienza y el nivel que había era total.  En la plaza de toros vi al torero que más me ha gustado siempre; Rafael de Paula, en el tendido le tocaban las palpas por bulerías, como ese pueblo sabe hacerlo, aquella tarde cuajó un toro y la lió gorda. También vi un mano a mano de Galloso y Manzanares con un gran triunfo de los dos. Rejoneadores hermanos Peralta y Alvarito Domec que tenia entonces el caballo Opus….todo un espectáculo. Al flamenco que ya era aficionado, allí me acabo de calar, en el cuartel había dos cales que sin ser profesionales cantaban puro de verdad y todas las tardes había en el patio de la cantina fiesta por Bulerías por parte de los gaditanos y de sevillanas por los de Sevilla. Camarón sacó un disco Long Play precioso por entonces, creo que se llama “Soy grande por ser gitano”, lo compré y la primera vez que fui a verlo allí me lo dedicó. Cantaba LA CANASTERA, y era entonces joven, con las facultades a tope. También escuché en directo a un Sordera y a la Paquera, que como esa no se rompe otra. La pena es que al Agujetas Manuel no lo pude ver, no vi nada que lo anunciara.

A mi el flamenco me empezó a gustar desde muy pequeño, mi padre me llevó a algunas actuaciones de Farina, Porrina, Molina y el príncipe gitano. Su tío Francisco Rey era el propietario del cine azul de mi pueblo y solía traer esas compañías que actuaban por toda España. También en la Viña cuando hacían la vendimia todas las noches alrededor de la lumbre los trabajadores de la bodega hacían sus pinitos, Francisco el Guardia y El tío José el Olallo  que cantaba por tarantas muy bien, pues tenía la voz rota como a mi siempre me gustó. Cuando venían aquellas compañías de artistas a Quintana a los cantaores antes mencionados les gustaba jugar a las cartas y en el bar del Chato mi tío Francisco los pelaba, y  alguna vez les ganó hasta la minuta de la actuación. Mi tío Chobo fue muy querido en el pueblo y el mejor cazador de su época, ya contaré retazos de su vida en otra ocasión.
Bueno y de la mili nos hemos ido al Chobo Rey.
Hasta otra.