LA PACA DEL ALFARERO

 

 

 

 

 

 

Nací un 22 de Noviembre hace ya unas décadas en la calle Lanchas Altas de Quintana de la Serena, en la casa de mi bisabuelo Diego Rey “Tirito” , casa que hoy es de mi propiedad y donde el crió a sus hijos, los varones fueron muy aficionados a la caza, afición que heredé y practiqué desde chiquito.

En el arroyo del tío Pepe de mi pueblo, solían tirar los perritos recién nacidos que no criaban y muchos de ellos los cogía y en la cuadra de mi casa con trapos y paja les hacia su camita e intentaba sacarlos adelante con leche y un biberón, cosa que logre en muy contadas ocasiones. Un macho turco andaluz que le puse de nombre Cacho fue mi primer perro en propiedad. Después tuve el Romi y la Olga, mixto lobo y pastora alemana, pero estos estaban en el almacén de pieles de mi tío. A los dos los llevaba al rio Ortiga y logré a base de insistir que cazaran y sacaran gallinetas que entonces abundaban.

Otro tío mío tenia una escopeta de un caño del 9 mm y lógicamente no me la dejaba, pero le buscaba la vuelta y la cogía sin su permiso, compraba cuatro o cinco cartuchos y al río. Allí abatí mi primera codorniz después de tirar muchas que entonces había en las cañadas.

Pero lo mío fue muchísimos años el tirador y de el pasé con 12 o 13 años a mi escopeta del veinte.

Cuando nos ingresaron a mi hermano Nano y a mi en el Claret de don Benito , que para mi fue como meterme en una jaula iban a buscarme a la casa del Cerrito, donde vivían mis padres, los perros vagabundos que los tenia en el arroyo atados algunos en casetas y claro metieron al pájaro aquel en el colegio y me iban a buscar, así me lo contó la santa de mi mama.

Tengo un recuerdo especial de la perra churra ( así llamábamos a los turcos andaluces) de los alfareros que se llamaba Paca y se quedó sin dueño pues esta familia emigró al Norte. Era amiga de todos los chavales del pueblo y la utilizábamos para coger lagartos, era extraordinaria, daba con ellos como ningún otro, ¡cuantos días hice la remonta en la escuela de mi tito don Basiliso!,  y me iba con ella a lagartos. Las reprimendas por parte de mi mama eran de aúpa, pero no lo podía remediar aquello que llevaba dentro podía más.

Muchos de mis amigos del pueblo si leen esto recordaran a la Paca del Alfarero.

Bueno y con esto hemos iniciado la corrida, el toro ha salido y lo he parado y templado.

 

¡Hasta el próximo!

 

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