RELATOS DE MIS AMIGOS CLIENTES

RELATO DE MI AMIGO TOMAS:

Me llamo Tomás, soy cazador desde niño, siento la caza como algo fundamental en mi vida. Disfruto de la naturaleza en compañía de mis perros, a los que considero amigos. He tenido Bracos, Pointer y Pachones Navarros, perros de gran porte, fortaleza física e indiscutibles cualidades para la caza de la perdiz.

Vivo en Tenerife, tierra de contrastes y terrenos abruptos, donde el arte de la caza depende casi fundamentalmente de la labor del perro. Abatir una pieza a perro parado aquí es un deleite.

En Canarias son muy comunes los  Podencos Canarios, perros de talla media, de cuerpo  alargado, musculoso y de pecho profundo. Son, exclusivamente, perros conejeros y nunca se han usado para la caza de la perdiz, y es por lo que nunca pensé en ellos como compañeros de caza. Sin embargo, hace poco más de un año, mi atención se centró en una raza común a ésta, el Podenco Andaluz.

La búsqueda de información y credenciales del mismo me llenaron la cabeza de nuevas ilusiones. Descubrí que el Podenco andaluz es un animal que por su olfato y su desarrollado instinto cazador es capaz de afrontar con total éxito, desde la búsqueda del conejo en los zarzales, hasta el duro agarre del jabalí, pasando por el cobro de patos en el agua. Si a esta capacidad le añadimos la agilidad y resistencia extraordinaria que lo caracterizan nos encontramos ante un animal excepcional mente dotado para la caza.

No lo dudé, quería emprender una nueva etapa en mi vida como cazador y fue en el criadero Los Arcabuceros donde encontré a mi nueva amiga y compañera de batallas: Mica. Fue amor a primera vista, sentimiento mutuo que desde entonces hasta hoy ha ido creciendo. El buen amigo Francisco, sólo me conocía de hablar por teléfono, pero sin embargo, supo elegir, entre todos aquellos preciosos cachorros, a la perfecta podenca para mí.

Mica, pequeña, como su nombre indica, es de gran inteligencia, nobleza, sociabilidad y siempre está alerta. De carácter vivo y equilibrado, muy cariñosa, sumisa y leal. Todo ello le confiere una gran capacidad para el adiestramiento, el cual en los primeros meses, pareció difícil, pero luego tornó en fácil y placentero.

Es una perra nacida para cazar, con un excelente olfato y muy resistente a la fatiga, no se amedrenta ante nada, metódica y rápida en la búsqueda, con un batir alegre tras la pieza, siendo una excelente cobradora de pelo y pluma. Nunca pensé, que este tipo de perros pudiera darme tantas satisfacciones, es capaz de mostrar durante varios minutos ante el rastro de una perdiz, así como de hacer una muestra a patrón, como si del mejor Pointer se tratase.

GALGOS O PODENCOS.

FABULA DE TOMÁS DE IRIARTE

LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,

seguido de perros,

-no diré corría-,

volaba un conejo.

De su madriguera

salió un compañero,

y le dijo: “Tente[10],

amigo; ¿qué es esto?”

“¿ Qué ha de ser?” –responde-;

sin aliento llego…

Dos pícaros galgos[11]

me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-,

por allí los veo…

Pero no son galgos.”

“¿Pues qué son?” “Podencos[12].”

“¿Qué? ¿Podencos dices?

Sí, como mi abuelo.

Galgos y muy galgos,

bien visto los tengo.”

“Son podencos, vaya,

que no entiendes de eso.”

”Son galgos, te digo.”

”Digo que podencos.”

En esta disputa,

llegando los perros

pillan descuidados

a mis dos conejos.

Los que por cuestiones

de poco momento

dejan lo que importa,

llévense este ejemplo.

 

 

 

RELATO DE MI AMIGO NACHO:

Hola Paco; buenas tardes, comentarte que estamos muy contentos, encantados, con las dos perritas. Son inteligentes y muy listas. Han causado sensación desde el primer día, en la familia. Con decirte que las meten en el txoko, (sitio donde se quema leña en invierno y comemos en ocasiones en verano). Excepto una perra, ningún otro perro se ha dejado entrar al txoko y mira que ha habido perros en esta casa.

En temas de caza;

La VENTU; Me ha sorprendido gratamente. Caza a viento, como un auténtico pointer, mostrando la caza a perro parado.Caza a la mano desde el primer día. Se alza sobre las patas traseras, para otear el horizonte, ja,ja,ja ect… La lleva mi hermano que se ha encaprichado de ella.

La FLECHA; No tiene miedo a las alturas, carece de vértigo. Levanta los txaparros en el aire. No se le resiste nada. Es una auténtica máquina.

El último día de caza de perdiz salvaje, levantó cinco perdices de las matas(txaparros), osea en cinco ocasiones. Hice cupo y ya no disparé más. Las levantó en una zona que estaba cazada. La ratita como yo a veces la llamo cariñosamente, me dejó alucinado. Decirte que teníamos 5 días de perdiz, el primero no pude cazar por trabajo, dos días no se han cazado por nieblas, el cuarto solo se pudo cazar 2 horas, el último ya entero.

Ha esta perrita, estoy intentanto que caze a la mano. El collar eléctrico, voy a evitar ponérselo.

Las vamos a llevar, a un coto de caza sembrada (a perdiz). No soy partidario… Pero es lo que hay.

Lástima que haya tan poca caza.

Ya no te cuento nada más que tú no sepas….. Tan solo unas pinceladas, de estas dos joyas. VENTU y FLECHA.

Saludos, Natxo.

 

EL PODENCO ANDALUZ UN SIGLO CAZANDO

 

Dedicado a  D. Víctor Hugo, el mejor podenquero mejicano.

Este artículo cayó en mis manos hace muchísimos años y lo he tenido guardado como oro en paño ya que es de un cazador de los tiempos de don A. Covarsí y por supuesto extremeño. Espero que os guste, y se lo dedico especialmente al mejor podenquero mexicano del mundo, mi valorado amigo don Víctor Hugo, que tuvo la deferencia de venir desde México por un arcabucero y cuando se encontraba en Granada me llamó para que lo recibiera, yo le dije que no tenia perros en ese momento que le podía facilitar el contacto de algún criador que le cogiera más a mano y él me contesto que había atravesado el Atlántico para llevarse un arcabucero y que no se iba sin él. Esto me desarmó y le dije que viniera que le cedería un macho de unos cuatro meses que lo tenía mi hija María como preferido y ya la convencería de cedérselo.

Así que desde Granada en compañía de unos amigos alquilaron un coche y se presentaron en mi casa, estuvieron en mi cortijo visitando las perreras y los invite a comer una barbacoa que creo que les gusto bastante así como el vino de pitarra de la tierra. Hicimos un intercambio cultural de música, ellos me trajeron de Miguel Aceves Megía y yo les regale flamenco y vino. También me regalo un libro de un cazador mexicano don Arturo Imaz  Baume, que lo he leído varias veces y cada vez me gusta más. Bueno y nada mas espero que os guste y va por Vds.

En 1898, hace ahora más de un siglo, Manuel Rodríguez, inveterado de Mérida y buen aficionado a los podencos, publicó en la revista La Caza Ilustrada una amplia descripción de la caza podenquil en el sur peninsular. Por su plasticidad y viveza creo la mejor descripción del trabajo de estos abnegados perros. Veámoslo ligeramente resumido.

El podenco es un perro vigoroso, incansable y astuto. En las lides cinegéticas pone en juego todas sus facultades. Un galgo, un mastín o un perdiguero acierta con la pieza que persigue después de muchos y repetidos intentos, el podenco la coge el primero. El más leve descuido de la liebre o del conejo lo llevan a la boca del podenco.

En las lides amorosas obra del mismo modo. Es incansable, jamás se rinde, y aunque sus colmillos son temibles, mientras puede no hace uso de ellos contra sus rivales; en las luchas un tanto escandalosas y naturalistas que sostienen por una beldad canina, el podenco aprovecha la ocasión de estar peleándose mastines con galgos y pachones para apoderarse de la bella, y a fe que pocos segundos necesita para conseguirlo. En el prodigio de infidelidades de que habla Orio, pocas veces el podenco desempeña el papel de buen Juan.de aquí resulta que los perros callejeros de este país tienen muchas gotas de sangre de podencos que de otras razas; y si se cumple la ley filosófica que antes he citad, resulta lo que efectivamente resulta, según se ha podido observar; que abundan más en ese país los podencos puros que los perros de otras razas; y en el corto tiempo que se necesita para que se verifique esta evolución demuestra la verdad hasta que las consecuencias de esta ley; es decir, que el podenco es el perro más cercano al perro salvaje.

Actualmente casi todos los naturalistas clasifican al podenco entre los lebreles. Un autor francés llama al podenco mallorquín lebrel de las baleares o charnique. Dice de él mil atrocidades. Lo tienen por un animal indómito para la caza, refractario a aprender a cazar con orden, pues lo hace por su cuenta, sin cuidarse de su dueño, mata los conejos persiguiéndolos a la carrera, y cuando alguno se le escapa refugiándose en el vivar, se lleva escarbando y llamando para que lo auxilien. Soy del parecer que el podenco debe ser clasificado entre los perros de rastro o de carrera, porque el lebrel caza valiéndose de sus piernas y de su vista, mientras el podenco hace uso además de su olfato.

El podenco es el rey de los perros, decía un amigo mío, excelente cazador y entusiasta de todos estos animales. Efectivamente, tiene tan diversas aptitudes, que puede reemplazar en su especialidad a todas las demás razas, y él no puede ser reemplazado en la suya.

El podenco no es indómito, como dice el autor francés citado; su educación es difícil, hay algunos de ellos refractarios a cazar con método y con orden, pero a la larga aprenden todo lo que se le enseña. El podenco sirve para la custodia de los ganados y caza a la mano como cualquier pachón; después de un largo aprendizaje sirve para la caza de acuática, para llamar en los vivares, en la caza con hurón, y es sobresaliente en la mayor.

Su especialidad es cazar conejos en recova, a diente. En esto no tiene rival. Los defectos que el ya citado autor francés le atribuye se tornan excelentes cualidades para esta clase de caza.

Ver una recova de veinte o treinta buenos podencos cazando conejos en el monte es un espectáculo de los más divertido que pueda darse. El conejo es un animal ligero y astuto, que no pierde la serenidad aun en el mayor peligro. El podenco lo olfatea en lo más espeso de la mata, da vueltas alrededor de esta, haciendo oír breves ladridos llamando a sus compañeros, que bien pronto acuden en su ayuda, rodeando la mata donde el infeliz conejo se oculta. Ningún podenco maestro se atreve a arrojarse sobre su víctima, porque sabe por experiencia que esta hurtará el cuerpo escapando de sus dientes. Lo que hacen los viejos en el oficio es esperar a que llegue un podenco joven, que se avance al conejo y cuando éste sale de su escondrijo, lo atrapan. Algunas veces, aún rodeados de diez o doce perros el conejo escapa, y entonces, sus enemigos lo persiguen a la carrera. Es digno de ver como el conejo huye por lo más intrincado de la espesura, ya avanzando, ya retrocediendo, ya aplastándose entre la maleza, y  es más divertido aún ver los podencos rompiendo monte en vertiginosa carrera, dando saltos prodigiosos por encima de las matas y revolviéndose en el aire si el conejo varía de dirección. Algunos podencos causan tal terror a los pobre conejos cuando saltan por encima de ellos que los hacen chillar sin tocarles.

Cuando el podenco divisa al conejo extraviado, ralla; es decir, da una serie de  ladridos de un tono especial, indicando a sus compañeros que va muy cerca de la pieza; y el conejo, al fin, perdido y vuelto a encontrar muchas veces, viene a dar en la boca de alguno de sus perseguidores. Una recova bien adiestrada no debe de despedazar ningún conejo; por lo general, cuando un podenco coge alguno de aquellos animales, lo entrega al quitaor en cuanto este llega..El quitaor es el podenco más valiente de la recova que lleva a los cazadores todas las piezas que el coge y las que cogen los demás.

Así como el gato es el enemigo natural del ratón, el podenco es el del conejo. Lo persigue por instinto, y esta pasión es un grave inconveniente para dedicarlo a la caza mayor, especialmente las rondas.

Con frecuencia, de noche, sobre todo en verano, al buscar jabalíes, los podencos hallan algún conejo y lo persiguen latiendo, lo que causa un gran trastorno, porque los demás perros que van buscando por otro lado a larga distancia dejan su busca y acuden, y los alanos también corren allá creyendo que el podenco ha encontrado algún jabalí. Mientras tanto, los jabalíes,que están más lejos, oyen el ladrido del podenco, y comprendiendo que es una ronda, se refugian en el monte antes de que esta llegue. Pero a la larga aprenden los podencos su obligación y no hacen caso de los conejos cuando van a cazar jabalíes. He visto numerosas jaurías de podencos cazar un día conejos e ir otro de montería y no caso de los muchos que pasaban delante del hocico.

Adiestrada para las reses una recova de podencos, no hay nada que pueda igualarla. Ni los mastines, ni los galgos, pueden competir con ellos. El célebre cazador don Manuel Dorado decía que para matar jabalíes se necesitan podencos finos y alanos finos. El podenco suele acometer el ganado manso, y esto es una reminiscencia de la sangre de perro salvaje.

Existen tres tipos de podencos; el grande, el mediano y el pequeño. El primero, que es el verdadero podenco de hoy, y que difiere algo del antiguo del que hablan los libros de montería de la Edad Media, tiene una altura de 60 a 65 centímetros, es recio y fuerte la cabeza, la cabeza grande, el hocico largo y ancho, orejas tiesas, grandes, anchas y redondas por las puntas, lomo recto, cola mediana y poco encorvada, pecho ancho, piernas secas, casi rectas, pie recogido, color blanco con grandes manchas negras bordeadas de fuego.

El tipo de raza mediana es más vario, como producto de la grande y la pequeña. Tienen por lo común, unos 45 ó 50 centímetros de altura, sus miembros son más finos que los de la talla grande y el hocico agudo. Los hay blancos con manchas naranjas, canelos claros y blancos con manchas leonadas. Existen una variedad que comprenden el tipo mediano y pequeño, color canela claro, con mancha leonada y negra en la cola, a seis centímetros de la raíz; otra negra con el pecho y el vientre color fuego y dos sobre ojos del mismo color. El tipo pequeño es aún más fino que el anterior. Algunos ejemplares no pasan de 30 centímetros.

Se discute aún entre los cazadores sobre la bondad de los podencos grandes o los pequeños. El asunto no merece discusión. ¿Se caza en terreno áspero y pedregoso, con monte muy alto y hueco por debajo como sucede en Sierra Morena, en los Montes de Toledo, en la Mancha y los estados de Monroy? Pues los perros grandes no pueden saltar por encima de las matas ni caben por los huecos de los troncos, y con su peso excesivo se aspean pisando sobre las piedras aguda. En cambio el perro pequeño pasa por entre los troncos sin inconveniente ni molestias.

¿Se caza en las llanuras o sierras de la provincia de Badajoz, que tienen monte espesísimo cerrado el suelo? El perro pequeño no tiene vigor para romper las espesas ramas ni halla hueco por donde escurrirse, en tanto que el grande salta por encima de las matas o rompe fácilmente el ramaje.

Este señor, don Manuel Rodríguez, firmaba con el seudónimo de LUPUS

PODENCO ANDALUZ PARA SIEMPRE

Podenco Andaluz para siempre

Muchos de los que leáis esto recordareis los calendarios lo la Unión Española de Explosivos, en los que venían algunas fotografías de un viejo cazador comiéndose un trozo de pan y tortilla de patatas con su navaja cachicuerna; pues bien aquella podenca blanca y canela, pelicerdeña, que aparecía con el cazador, era mi delirio en mi mente infantil, y más de una vez soñaba con tener una como ella.

En mi pueblo había una perra muy vieja, de tío Casimiro “El Chimindo”; se la había regalado mi tío abuelo Francisco Rey, el cual había traído los padres de Montijo, y todavía en aquellos tiempos sonaban en los pueblos extremeños los podencos montijanos, con los que cazó Don Antonio Corvasí. La perra aquella que se llamaba “Linda” , cuando era cachorrita en el cortijo de la vegas de Casimiro, éste mató unos cuantos palomos de un tiro en el tejado, y se los fue trayendo a la mano uno a uno a su dueño. Así me lo contó el tío “Casi”.

Yo la conocí y la cacé muy vieja, casi ciega y sorda. Las primeras codornices de mi vida cazadora se las maté a ella; sabía perfectamente donde estaban las codornices y gallinetas de la vega, y se iba con todos los cazadores que la solicitaban. Sólo con ver la escopeta se te ponía delante y a por ellas. Cazaba muy lento, moviendo el rabo de un lado a otro y de una manera especial según fuese pelo o pluma. A mis “arcabuceros”, lo del movimiento se lo detecto, pero son rapidísimos y, por supuesto no se van con nadie a cazar que no sea conmigo.

Otro podenco del que me enamoré cuando yo tenía 15 0 16 años, lo tenía un labrador de mi pueblo que pasaba por el camino de La Coronada en la finca de mi tío José, en la que yo vivía  temporadas. Aquel perro se llamaba “Lucero”, era un podenco canelo, envelado, corbato, de pelo liso y de talla chica. Pues bien, yo lo veía cazar cuando pasaba por aquellos lares y me encantaba como echaba las codornices en la cañada de “La Hoja”, las latía y volvía a rehallarlas donde se paraban, así hasta tres o cuatro veces. Las liebres que sacaba de las viñas se iban de Extremadura, de lo que les formaba con su “jai, jai, jai…”. ¡Estaba loco por aquel perro!.  Le dije a mi tío que se lo pidiera a Diego, el labrador, y me advirtió que ese perro no se haría a la escopeta nunca, pues estaba desde cachorro cazando a su aire. Tanto insistí, que me lo regaló aquel buen hombre. Yo no cabía de gozo diciéndoselo a mis amigos y a todo aquel que me encontraba. Aunque poco duró aquello, lo tuve quince días, dormía atado al lado de la pata de mi cama, le echaba la mitad de mi desayuno, galletas “María” y el “Chiquilín” de entonces. Compartía el arroz, mi merendilla y todo lo que fuera con tal de ganármelo. Creí que lo tenía en el bote al tal “Lucero”, y decidí sacarlo a cazar pues me movía el rabo cuando lo llamaba, y dentro del cortijo se venía conmigo.

Una noche en la tertulia de la lumbre, decidí sacarlo a la mañana siguiente y le dije al “Guardia” que me llamase al venir el día para sacar a “Lucero”. Aquella noche dormí poco pensando como resultaría, y con el alba cogí mi “Sarasqueta” del 20 y salí con el podenco atado a las primeras cañadas de la finca. El perro tiraba de la cuerda pita para empezar a cazar, lo solté y salió como una bala, a unos metros levantó la pata, hizo sus necesidades, me miró como diciendo ahí te quedas con tus galletas, tu arroz, tu chocolate y todo lo demás, que me voy … y emprendió para el pueblo en busca de su antiguo dueño.

    

Los Arcabuceros – Santuario del podenco Andaluz

 

 

“ALIBABA”

En mi reciente visita al hermoso pueblo pacense de Quintana de la Serena, donde las gárgolas hacen que el agua se precipité ruidosa en mitad de sus calles cuando llueve, he tenido la suerte de conocer a Francisco, hombre, sobre todo, de corazón ancho, cazador, amante de su tierra, auténtico podenquero y también un poco poeta. Es de esas personas que siente con tanta pasión lo que vive que quiere transmitírselo a los demás para hacerles participes también de su enorme pasión por las cosas. Francisco vibra cuando te habla de sus podencos. Y no es para menos cuando te abre generosamente las puertas de su casa y te hace testigo de los tesoros que allí encierra: LOS ARCABUCEROS, santuario de los mejores podencos andaluces que puedan criarse en parte alguna.

Y no es por casualidad por lo que se consiguen tales maravillas. Ha sido fruto de su afición, esfuerzo y constancia por mantener una raza de perro nuestro que caza como ninguna otra. Se preocupa enormemente de cuidar la morfología de la raza, la del podenco andaluz de talla chica, la que, a través de muchos años, ha conseguido perfeccionar al máximo compaginando belleza y aptitud cinegética en cadaanimal, como sí lo acreditan la infinidad de trofeos que ha conseguido en todos los concursos en los que participa, el último una talla preciosa de un podenco en bronce, obra del escultor Mariano Aguayo, en el concurso de Cuevas de S. Marcos en Málaga, con su podenco “Alí Baba”.

Cuando le pregunto por qué ha llegado a especializarse en esta clase de podenco y si desde el principio había cazado con ellos, esbozando una tímida sonrisa y achicando sus ojos para recordar mejor el pasado, me habla de su “Calaña”, aquella podenca de pelo duro que le regalaron en el pueblo de la sierra de Huelva de donde tomó el nombre y de la que su madre decía que era la perra más lista y viva que jamás había visto…

– “Sus cualidades para la caza eran extraordinarias. Cuando otros perros estaban exhaustos ella parecía no rendirse nunca. Tanto en la caza por alto, como en el cobro, como su nerviosismo cuando rodeaba una y otra vez las matas para decirme que la pieza estaba allí.”

-“Recuerdo también al “Kisin” mi bretón, especialista en muestras inolvidables ”

Y mantenía su mirada medio perdida, como queriendo retener en su memoria una fotografía congelada de aquellos lances de antaño…

– “He cazado con todo tipo de perros, de casi todas las razas. Es verdad que de todas he disfrutado. En todas he buscado y, afortunadamente, he sabido encontrar siempre su mejor virtud, su mejor cualidad. Al final me he rendido a los podencos, al podenco andaluz. Y me he entregado en cuerpo y alma al podenco andaluz de talla chica. Son perros precoces y resistentes. Se adaptan a cualquier tipo de terreno y su pasión por la caza es extraordinaria…”

Mientras me habla, sus perros le rodean y le siguen… Coloca una piel de conejo en la punta de una caña y le da dos vueltas al aire… Es entonces cuando comienza el espectáculo. Parece mentira cómo unos cachorros que apenas han cumplido mes y medio puedan mostrar semejante afición por la caza. Tres sentidos, vista, oído y olfato entregado a un solo objetivo: perseguir la piel que les muestra su dueño.

“¿Cómo no va a rendirse uno a semejante belleza? No paran ni un momento. Estos perros crean afición al cazador más escéptico.”

Cuando le pregunto qué cuánto hay que poner en la mesa para llevarse uno de sus podencos me dice;

– “ ¡Cariño!, ¡Cariño a raudales, lo primero de todo! Sin esa moneda no se pagar ni un cachorro de  los que ves. El podenco andaluz es un perro inteligente y lo mismo que averigua de manera infalible dónde donde la pieza de caza, adivina al momento sí hay cariño en el corazón de su dueño…”

Al oír sus palabras me percaté al instante que la razón del brillo del pelo de sus maravillosos cachorros no se debía solo al pienso que les echaba de comer …

Y es que para ser un criador como Francisco no solamente hay que contar con unas instalaciones espaciosas, limpias y envidiables como las que él tiene. Hay, además, que incluir en las raciones diarias de sus perros muchas dosis de paciencia y cariño. Y así es como Francisco consigue el maravilloso producto que  ofrece al que quiera tener y contar con un verdadero “compañero” de caza.

Estuvimos sólo un par de horas juntos pero fue suficiente para comprender que la calidad de los podencos que cría Francisco va pareja a su calidad humana.

Al despedirnos, se asomaba ya la luna casi llena al espejo de la noria de la finca. Francisco la buscó con su mirada en el cielo y al alejarme de él me pareció oírle decir algo de sus niños y la caza o algo así… Incluso me pareció adivinar, en la magia de la noche de los campos de Quintana, que corrían unos versos que decían:

La noche de fin de año

Mi perra “Pili ha “parió”

Siete cachorritos blancos,

Que te quitan “er sentio”

Son nietos de la “Cumplía”

Biznietos de “Arcabucero”

La mejor casta de España,

Y también del mundo entero.
Publicado en la revista CAZA EXTREMADURA nº 82 por Ramón Gómez Pesado

“EL MORO FIGUEROA”