EL ULTIMO CURTIDOR DE QUINTANA DE LA SERENA

          

EL ÚLTIMO CURTIDOR DE QUINTANA DE LA SERENA.

Quintana ha sido desde siempre pueblo de artesanos, canteros, alfareros y también curtidores.
Hubo una industria en torno a la piel que daba muchísimo trabajo en las fábricas, mi bisabuelo y sus hermanos tuvieron una  la de los Tiritos, que ese era su apodo, también los Gómez Coronado y Pascual Martín “cachita” entre otras.

Estas fábricas mayormente curtían pieles de caballería y vacuno. Lo hacían en pilas con  corteza de encina, quebracho, mimosa,  castaño…y alumbre de piedra. Su destino mayoritariamente era para aperos de labranza y también calzado.

Recuerdo de pequeño   en la fábrica de Miranda a ver visto sacrificar caballerías y una vez que le quitaba  la piel  el tío José el Olallo y Cosita darle larga a una buena piara de cochinos ibéricos que se comían la carne. El espectáculo era dantesco. Esta fábrica fue la última que se cerró por los años 60, la recuerdo como una empresa con varios trabajadores.
Como el negocio de las pieles se puso muy malo hasta el punto de quedarme sin un real, me coloqué en Madrid en una fábrica donde trabajaba de director comercial mi tío Diego Rodríguez Rey hermano de mi padre, se llamaba S.A.I.C..sociedad, anónima para la industria y el comercio.
Su fundador fue don Luis Molina, este hombre inteligente donde los hubiera con su equipo de curtidores tuvo la idea de transformar pieles de cordero merino en imitación a la nutria de rio para hacer abrigos principalmente.

Entré como oficial clasificador comprador y en ello estuve unos años, el trabajo en la fábrica me apasionada aprendí a manejar todas las máquinas de planchar, rasar, estirar y ablandar ( la leona) que era durísima, donde más me gustaba estar era en la ribera, así se le llama a la parte donde están las pilas y bombos donde se lavan, descarnan, curten, tiñen y se les daba el primer rasado a la lana.

Cuando no estaba en el almacén me ponían a trabajar donde hiciera falta ya que como tenía afición aprendí el manejo de todo, había un trabajador de Hinojosa del Duque que nos hicimos muy amigos era el alma del curtido pues  aunque había un químico no sabía ni la mitad que él. A este me pegué y él me enseñó a curtir.

Mi tío Diego a parte de comercial era el que clasificaba toda la producción antes de pasar al  teñido con pasarle la mano sabía perfectamente el color que era apto para cada piel. Nos quedaba alucinados a la velocidad que clasificaba , por supuesto era el alma de aquella empresa y por su valía el hijo de don Luis Molina cuando falleció este, le dio una buena parte de acciones en la empresa. Que dicho sea de paso la mejor del mundo en su ramo. El famoso mouton LUTRA. Apreciado por los mejores peleteros de Europa principalmente en París.

Viajé por algunas provincias buscando el tipo de merinos que eran aptos para la fábrica, donde más operaciones hice fue en Zarza de Alange con los almacenistas de ese pueblo, los Almendros reunían muy buenas partidas, hasta cien mil llegué a clasificar alguna vez para sacar un diez por ciento pues no todos eran aptos.

Aprendí a conocer este tipo de pieles en el almacén de  mi tío José, desde niño me ponía a ponerle las pieles en una mesa y el clasificaba lo que le llamábamos corderos para Molina, o de peletería. Los otros se vendían para deslanar su precio era muy inferior.

El señor Molina cuando empezó vino a Quintana a los almacenistas que entonces había mis tíos Marcelino y José Rey, les pidió las pieles fiadas ellos apostaron por dárselas  este triunfó y ellos  a ese tipo de corderos le ganaron una fortuna durante muchos años ya que lo que servía para peletería valía  tres veces más y ellos eran los únicos que le servían a don Luis.

También trabajaban con piel de ovejas, que hacían mantas preciosas imitando al ocelote, tigres,cebras…
Aunque el trabajo en la fábrica me gustaba  el vivir fuera de mi Extremadura no podía soportarlo, sin mis perros, mis perdigones la sierra, la caza, el latir de los podencos, los puestos a la revolá eran más fuertes que todas las posibilidades laborales que me ofrecía Madrid.

Así que después de pensármelo mucho decidí venirme y emprender de nuevo la aventura de retornar  a pielero  mi antigua profesión con el dinero que me dieron del paro, que solicité el pago único.
Ahora ya en el almacén de mi tío que había fallecido  mi tía Beatriz me dejó sin interés ninguno así como todos los archivos a los cuales siempre tuve acceso ya que me tuvieron y quisieron como a su hijo, yo a ellos igual.
Como había aprendido a curtir aparte de dedicarme al negocio de la herbolistería y compra venta de pieles,  mandé construir en la carbonera de la que hoy es mi casa  dos pilas de cemento,  con unas aspas y un motor de una lavadora y con esto más un banco  y un cuchillo para descarnar empecé la aventura de curtidor.

Lo que más me costó hacer fue un cilindro para pulir también del bombo de una lavadora  que mi amigo José Papalé cuando le dije lo que quería y que me lo hiciera  me dijo que esas empresas y con esos aparatos solo las hacían los genios jjjj.

A mi empresa le puse CURTIDORA EXTREMEÑA. Me anunciaba en el periódico HOY. Aparte por los pueblos puse carteles,  enseguida  empezó a funcionar, la gente me traían pieles, varios taxidermistas también, curtí muchos safaris para ellos posteriormente montar los trofeos.
Pero lo que más trabajaba eran pieles de cabra que las curtía al cromo con su pelo.

Compraba partidas elegía las más bonitas, blancas y negras, marrones, floridas en fin a elegir.
Tenía algunos comercios de muebles y decoración que les dejaba un depósito para venderlas así funcionaba bastante bien. Me hice famoso curtiendo jjjj

Así conocí a mi amigo Manuel Lobo que en gloria esté. Entonces era el presidente del Club Nacional del Podenco, le dejé un buen depósito de pieles en la tienda del club y vendía bastantes. El me dejó un semental de podenco chico para cubrir mis perras, se llamaba CANTON, bueno y ahí empezó otra aventura. La cría selectiva de podencos chicos.
Por estas fechas me enamoré de mi mujer, nos hicimos novios, la única novia formal que he tenido  nos casamos y tenemos dos hijos preciosos y buenísimos. José Vicente y María del Carmen.

Cuando llevaba varios años curtiendo, empecé a notar que cazando me fatigaba más de la cuenta, pensaba que sería la edad. Pero mi querida esposa me obligó a ir al médico, me hicieron unas radiografías de pulmón con el resultado que me dice el doctor que si no dejaba la profesión de curtidor tendría una vejez “prematura y dolorosa”. Tenía unas manchas producidas por el cromo que era con lo que curtía y al pulir las pieles lo respiraba.

La noticia me cayó como un bombazo.
Pero que remedio, tuve que dejar el oficio.
De toda mi vida había criado perros pero nunca con fines comerciales así que me puse a criar y seleccionar podencos.
Empecé a asistir y concursar en los distintos eventos que el Club organizaba ganando muchos  primeros premios por toda Andalucía  y en Madrid.
Bueno de curtidor pasé a  podenquero selectivo  por los motivos que ya he contado. En ello seguiré, seleccionando y puliendo el mejor perro de caza del mundo, hasta que Dios quiera.

 

LOS YERBACUAJEROS DE QUINTANA

 

“Cardos en flor”

  

   

    

LOS YERBACUAJEROS DE QUINTANA.

Todavía queda algún anciano mayor que yo vivo en Quintana ,creo que Placeres el Reondo, pues mi valorado y querido amigo Ramón el Muelle falleció el año pasado. Con ellos compartí varios años , en diversos términos de Extremadura , la recoleción de la hierba de cuajo( CYNARA CARDUNCULUS)  que se emplea para el queso de la Serena y otros.
El pueblo de Quintana fue siempre muy buscavidas y entre unos de sus muchos ingenios para  paliar la hambruna que era muy común entre la clase pobre  larecolectaban , asiicomo en la primavera tagarnillas ,espárragos,  collejas, lagartos ..y lo que se pillara.

Se trata de un cardo que  abre sus flores por  San Juan ,es una variedad de las alcachofas,en Cádiz le llaman ALCAUCILES.

Mi bisabuelo Diego y sus hermanos fueron comerciantes de este género y sin llegar nunca a ser potentados quiitaron muchísima hambre en el pueblo pues prestaban y daban dinero a los recolectores cuando lo necesitaban a cuenta de la hierba que posteriormente cortaban y traían a sus almacenes en Junio y Julio.

Iban por toda las regiones de la peninsula en las quehabía manchas , pero sobre todo a nuestra provincia y Andalucía.Se desplazaban en caballerías y la mandaban por ferrocarril al menos en el siglo XX…anteriormente es de suponer que lo harían en carros.

Hubo algunos personajes YERBACUAJEROS como Teleforo Parche y Pechito muy famosos..el primero por lo borracho que era y Pechito por su galga.
Al primero le dio mi tío José ,que continuó con el negocio de las hierbas,  quinientas pesetas a cuenta, se gastó el dinero en alcohol…las jumeras de este eran de quincenas. Yo que lo conocí de niño no lo vi  jamás fresco , siempre con su media melopea. Lejos de amilanarse cortaba la hierba de noche a la luz de la luna  y las estrellas para  durante el día ir a Arroyo de San Serván.

a pedir por las calles para  comer y así casi todos los años.Siempre cumplió con el compromiso de devolver el dinero que le prestaban.
Los que se desplazaban a Cádiz iban a la parte de Medina Sidonia y Naveros. En las dehesas de toros de lidia tales como Cantora, los Alburejos Jandilla….por decir alguna finca había y hay muchísimas matas ya que allí no se emplean herbicidas y la primavera que llueve es una explosión de flores azules en el mes de Junio.

El trabajo de cortar se hace con una tijera especial parecida a la que se utilizaba para esquilar las ovejas, solo que más ancha de hojas para mandar más potencia sobre el cardo y  a la vez cortar los estambres. Se echaban en una cesta también especial de mimbre o caña.

Es sumamente duro, pues para coger una arroba se necesita al menos diez doce horas siendo práctico, esa cantidad la cogían muy pocos, lo normal era algo más de seis siete kilos.
Las matas de cardos están en lindes y arroyos en Extremadura y posíos en Andalucía,  como su recolección es en Junio resulta  extremadamente dura pues si querías sacar el jornal había que estar desde el alba hasta las 4 o 5 de la tarde con un calor asfixiante.

Unaode los contratiempos que encuentras son las miles de hormigas que los cardos albergan así como los panales de avispas, que como no los vieras estabas es xpuesto a unas cuantas picaduras con la correspondiente lesión en un mano u ojo.

Por los años 90 estuve varios veranos cortando con mis amigos antes mencionados.

Salíamos de Quintana bien a Rubiales, Mérida , o al Arroyo de San Serván de madrugada  regresando por la tarde, eran muy hábiles y con mucho aguante. Cortaban la arroba a diario ,yo algo más de la mitad pues era principiante como he dicho, era un oficio muy trabajoso y agotador y lo consideraban más sufrido que el segar a mano con la hoz.

Un año fuimos a la provincia de Cádiz, partimos de Quintana en una furgoneta Ford que tuve por aquellos años a las dos de la mañana ,ellos dormidos. A las 6 estábamos en el término de Conil de la Frontera, en el paraje denominado el cerro del Toro en la carretera de Algeciras donde todavía queda uno de los toros de Osborne que hay en España. Esperamos a que amaneciera y cuál fue nuestra sorpresa qu eno había ni un cardo, el Reondo empezó a rajar y a reprocharme que dónde los había llevado. De allí partimos a una finca cerca de los Granujales donde unos años antes estuve cazando invitado por su dueño, que era el alcalde de Conil entonces. En una pista que sale del pueblo,antiguo camino de carros nos encontramos con un cercado de unas cincuenta hectáreas que estaba de cardos que no se podía andar  ,todos llenos de flores .Comenzamos a cortar un poco mosqueados pues estábamos  rodeados de toros de lidia fuera del cercado, garrapatas las había por millones ,nos subían por los pantalones ,yo me los até abajo a las botas  y asíy todo se colaban por el cuerpo, vamos una orgía jjj.

A mí semejantes bichos nunca se me han trabado al cuerpo,  eso me tranquilizaba pues en los descastes de conejos cuando me los colgaba en la cintura se me hacía un costurón entre el pantalón y calzoncillos con muchísimas .Nunca se agarró ninguna ,no les gustaba mi sangre, al contrario de las pulgas que se vienen todas me acribillan.
Mis dos acompañantes pensaban pernoctar en el campo, para ello llevaban alguna manta pero en vista de los inquilinos que había por aquellos alrededores que no dejaban de mugir se lo pensaron mejor y decidieron dormir en una pensión en Conil así que se ducharon que buena falta les hacía y durmieron como se merecían. Yo me fui a casa de mi hermano Nano que entonces vivía con su familia en ese pueblo.
A la mañana siguiente al alba ya estábamos en el corte y hasta medio día estuvimos cortando, envasamos la hierba en sacos y para Quintana partimos sin más.

A principios de la guerra civil se presentó en Quintana un capitán del ejército buscando hierba para, en campaña ,cuajar leche y hacer queso para las tropas . Le indicaron el almacén de mi tío que siempre tuvo hasta que falleció pues le daba muchísima alegría mantener su clientela. Aquel militar le ofreció por cien kilos lo que pidiera, por dinero que no se preocupara, pero él le dijo que dinero no, que si le podía dar a cambio viandas de comida que ya empezaban a escasear, en eso cerraron el trato recibiendo en  un camión  productos como café,harina, mantequilla, legumbres …con las que pasaron la guerra sin necesidades toda la familia en el cortijo de mi tío Francisco Rey, hoy de los García.

Bueno, y el último recolector comerciante de Quintana fui yo, mis antepasados solo comerciantes de los cuales heredé los archivos de las casas en España donde se vendía, así estuve unos años pero al faltar recolectores mi tío José le propuso a Manuel Martínez de la Morera su recolección y sus hijos lógicamente la venden directamente donde hay consumo.

En la antigüedad  ,para otras provincias se servía sin cascarilla. En el almacén de mis antepasados casi todo el año había mujeres de la calle Lanchas contratadas para cribarla con “barandones” especiales, los cuales, al golpearla  sobre unos bancos preparados al efecto, producían un sonido muy peculiar.

El último comercial de esta hierba que hubo en Quintana dfuíiyo, ahora muchos ganaderos que hacen algún queso para su consumo suelen ir a recolectarla ellos mismos.
También la vi en la finca de la Orden carretera de Badajoz cultivada. Varias hectáreas. Estuvieron a hacerme una visita dos ingenieros de esta para preguntarme y asesorarse de como se recolectaba. Les enseñé varias las tijeras y  cestas. No sé en qué quedaría aquello, pero dado lo duro que es su recolección creo que en “aguas de borraja”.

 

 

 

   

“Cesta y tijeras especiales”

  

EL CORTIJO DE COPÉ

Cortijo de Copé

La Morra

 

                   

 

“Majanos”

 

“Cortijo del Pelitordo”

 

           EL CORTIJO DE COPÉ

En la década de los 50, compró mi tío José este cortijo con sus 100 hectáreas. Está enclavado en la sierra de Santa Eufemia (Córdoba) en la parte de la umbría en el sopié de la Morra, es un terreno tipo dehesa con muchas encinas y monte, un paraje precioso y solitario.

Lo compró principalmente para cazar el perdigón. Aunque se cultivaba, su tierra pese a tener mucha piedra, es muy buena. Como la tenía de recreo mandó construir varios majanos de piedra, uno de ellos enorme con tres pisos y otra veintena más pequeños de dos casi todos. De pequeño recuerdo a mis tíos y sus amigos cazarlos con el hurón con un resultado espectacular, antes batían el monte con los podencos para después meter los bichos.

Entonces estaban de guardeses una familia de Hinojosa del Duque, Avelino y la Andrea que tenían tres hijos más o menos de mi edad y con los que jugaba a todo, también íbamos a coger faisanes, una seta excepcional que en los meses del perdigón salían.

En el cerro a la derecha del cortijo fue la primera vez que asistí como espectador de un puesto del perdigón, me llevó mi tío subido en el caballo alazán que tenía entonces para este menester. Del pájaro me acuerdo que lo llamaba Badajoz, se lo había comprado a Basiliso Fernández que estaba de policía en la frontera de Portugal, tenía siempre una colección de reclamos extraordinarios, había muchísima perdiz donde cazaba, el que era expertísimo en cazar mataba muchísimas todas las temporadas, utilizaba una paralela del 14 mm.

Volviendo al puesto, fue una tarde y tiró varios, aquel pájaro tenía la costumbre de mallear muy fuerte en el tango, le dije a mi tío: -tito ahí hay un gato jjj él por lo bajini me dijo que no que era el perdigón.

La experiencia no me gustó, pues no me podía “coscar” ni hablar, vamos un suplicio para mí.

En aquella época tenía para hacerle los puestos al Victoriano el Chato que estaba casado con la María de la tía Higinia   era sevillano y le gustaba el vino más que comer. Una noche se puso de aguardo en la Era pues según él entraban liebres, pegó dos tiros, al rato se presentó con dos conejos caseros enormes de los que tenía la Andrea sueltos…la llantina que cogió fue de campeonato por sus conejitos.  Una tarde cuando recogió a mi tío del puesto por la morreta del Pelitordo iba andando con el perdigón a la espalda y la escopeta  al hombro se arrancó una perdiz le disparó, el caballo emprendió a galope tendido para el cortijo sin poderlo parar, lo hizo cuando llegó a la puerta.

Sacaron en conclusión que posiblemente habría tenido alguna mala experiencia en la guerra civil con algún bombazo o vaya vd a saber.

El otro mozo de perdigón que tuvo muchos años antes que el Chato fue  tío Manuel Jallao de Higuera  de la Serena que toda su vida fue cosario de caza menor.

Era un hombre práctico al cien por cien en los temas de la caza. Un día que subían por la vereda de la umbría en el collado vieron que estaba la guardia civil, el Manuel emprendió la huida con el pájaro y la escopeta los guardias. Le echaron el alto y no paro, le dispararon varias veces, mi tío siguió vereda arriba  hacia la Morra hasta llegar a ellos.

  • Buenas tardes…no ha visto vd un guerrillero?.
  • Si vds saben que es un guerrillero no  disparán al aire.
  • Me parece que habla vd demasiado…yo en lo mío le hablo como quiera hasta al Caudillo. Bueno hombre, pues esta noche se presenta en el cuartel y se lo va a decir al cabo.

Regresó al cortijo y estaba el pobre del Jallao temblando pues le habían pegado muchas veces los civiles a cuenta de la caza.

Los albañiles que estaban trabajando aquellos días en el

cortijo eran de Santa Eufemia y le

advirtieron a mi tío que aquella noche como fuera al cuartel se exponía a recibir una paliza ya que el señor cabo se las gastaba así. El sabía que en la Comandancia de Pozoblanco estaba un capitán que de Tte había estado en Quintana y eran muy amigos y sin pensarselo se fue a verlo. Que te trae José? Ya sabe vd Don Domingo las cosas de la caza como siempre. Le contó el episodio y sin más se puso en la máquina de escribir y le redactó una carta, la metió en un sobre, la cerró y le dijo ésta para el cabo. Has hecho bien en venir a verme.

Aquella noche pues al cuartel, como lo había citado la pareja. Al llegar en la puerta donde estaba el cabo lo tuvo más de media  hora esperando y cuándo le pareció lo hizo pasar, mi tío sin dejarlo mediar palabra le entregó la carta y cuándo terminó de leerla le cambió la cara y le dijo que se podía retirar. Estuvo cazando muchísimos años cuándo estaba prohibido por la ley y no lo molestó. Entonces era el gobernador civil de Córdoba don Victoriano Barquero íntimo amigo suyo y primo de su mujer mi tía Beatriz y entre el capitán y el gobernador arreglaron el terreno para que lo dejarán cazar tranquilo.

Pasaron los años y se aficionó mi tío Vicente Dávila hermano de mi madre y cuñado suyo, también un catalán comisionista en lanas, que era el que le facilitaba los negocios en los lavaderos de cataluña, se llamaba  Nicéforo Valero.

Allí pasaron muchos años cazando tranquilamente, hasta que el sr.  cabo una tarde le quitó la escopeta al tío José y él desistió de cazar en aquellas sierras, pasando a hacerlo en Quintana y en el Valle de la Serena.

Por los años 70 se autorizó la caza del perdigón, entonces volvimos a cazar en el término de Santa Eufemia algunos de la familia.

El primer año que dispusimos ir a cazar partimos un día de la Candelaria en el camión desde Quintana con los colchones, pájaros y viandas mi tío José Pérez Cardona, Nino y yo.

Cuando llegamos a la venta que está al lado de la carretera dejamos el camión y andando subíamos al cortijo distante unos tres kilómetros  comprobando que era imposible hacerlo con el camión. La suerte nos acompañó ya que nos  encontramos con dos piconeros vecinos Miguel el tuerto y Aniceto que venían con sus mulas, le contamos el tema y no lo dudaron un momento, se ofrecieron a subir todos los enseres.

Cuándo terminamos era casi de noche, Nino regreso con el camión y ellos cargaron su picón y al pueblo. La noche para mi tío y para mi fue un poco de cualquier forma, pues la lumbre a base de jaras verdes que era lo que había a mano estuvo bastante ahumada y perfumada.

 

A la mañana siguiente salí a dar el puesto de la revolá y me puse en las zahurdas abandonadas, hacía muchos años que estaban muy cerca del cortijo. Me quedé sorprendido de la cantidad de perdices que había pese a estar el término de Santa Eufemia libre. Aquella impresión me causó una satisfacción enorme pues había caído en un paraíso acostumbrado a los Arrazauces y los sitios donde había cazado el perdigón.

Bueno, seguiré escribiendo de ésta  etapa de mi vida en esos parajes que marcaron y  llenaron  mi vida de un gozo total en lo que fue la convivencia con algunas personas entrañables, que muchas por desgracia ya no están con nosotros.

 

             “Castillo de Santa de Eufemia”