EL PODENCO ANDALUZ UN SIGLO CAZANDO

 

Dedicado a  D. Víctor Hugo, el mejor podenquero mejicano.

Este artículo cayó en mis manos hace muchísimos años y lo he tenido guardado como oro en paño ya que es de un cazador de los tiempos de don A. Covarsí y por supuesto extremeño. Espero que os guste, y se lo dedico especialmente al mejor podenquero mexicano del mundo, mi valorado amigo don Víctor Hugo, que tuvo la deferencia de venir desde México por un arcabucero y cuando se encontraba en Granada me llamó para que lo recibiera, yo le dije que no tenia perros en ese momento que le podía facilitar el contacto de algún criador que le cogiera más a mano y él me contesto que había atravesado el Atlántico para llevarse un arcabucero y que no se iba sin él. Esto me desarmó y le dije que viniera que le cedería un macho de unos cuatro meses que lo tenía mi hija María como preferido y ya la convencería de cedérselo.

Así que desde Granada en compañía de unos amigos alquilaron un coche y se presentaron en mi casa, estuvieron en mi cortijo visitando las perreras y los invite a comer una barbacoa que creo que les gusto bastante así como el vino de pitarra de la tierra. Hicimos un intercambio cultural de música, ellos me trajeron de Miguel Aceves Megía y yo les regale flamenco y vino. También me regalo un libro de un cazador mexicano don Arturo Imaz  Baume, que lo he leído varias veces y cada vez me gusta más. Bueno y nada mas espero que os guste y va por Vds.

En 1898, hace ahora más de un siglo, Manuel Rodríguez, inveterado de Mérida y buen aficionado a los podencos, publicó en la revista La Caza Ilustrada una amplia descripción de la caza podenquil en el sur peninsular. Por su plasticidad y viveza creo la mejor descripción del trabajo de estos abnegados perros. Veámoslo ligeramente resumido.

El podenco es un perro vigoroso, incansable y astuto. En las lides cinegéticas pone en juego todas sus facultades. Un galgo, un mastín o un perdiguero acierta con la pieza que persigue después de muchos y repetidos intentos, el podenco la coge el primero. El más leve descuido de la liebre o del conejo lo llevan a la boca del podenco.

En las lides amorosas obra del mismo modo. Es incansable, jamás se rinde, y aunque sus colmillos son temibles, mientras puede no hace uso de ellos contra sus rivales; en las luchas un tanto escandalosas y naturalistas que sostienen por una beldad canina, el podenco aprovecha la ocasión de estar peleándose mastines con galgos y pachones para apoderarse de la bella, y a fe que pocos segundos necesita para conseguirlo. En el prodigio de infidelidades de que habla Orio, pocas veces el podenco desempeña el papel de buen Juan.de aquí resulta que los perros callejeros de este país tienen muchas gotas de sangre de podencos que de otras razas; y si se cumple la ley filosófica que antes he citad, resulta lo que efectivamente resulta, según se ha podido observar; que abundan más en ese país los podencos puros que los perros de otras razas; y en el corto tiempo que se necesita para que se verifique esta evolución demuestra la verdad hasta que las consecuencias de esta ley; es decir, que el podenco es el perro más cercano al perro salvaje.

Actualmente casi todos los naturalistas clasifican al podenco entre los lebreles. Un autor francés llama al podenco mallorquín lebrel de las baleares o charnique. Dice de él mil atrocidades. Lo tienen por un animal indómito para la caza, refractario a aprender a cazar con orden, pues lo hace por su cuenta, sin cuidarse de su dueño, mata los conejos persiguiéndolos a la carrera, y cuando alguno se le escapa refugiándose en el vivar, se lleva escarbando y llamando para que lo auxilien. Soy del parecer que el podenco debe ser clasificado entre los perros de rastro o de carrera, porque el lebrel caza valiéndose de sus piernas y de su vista, mientras el podenco hace uso además de su olfato.

El podenco es el rey de los perros, decía un amigo mío, excelente cazador y entusiasta de todos estos animales. Efectivamente, tiene tan diversas aptitudes, que puede reemplazar en su especialidad a todas las demás razas, y él no puede ser reemplazado en la suya.

El podenco no es indómito, como dice el autor francés citado; su educación es difícil, hay algunos de ellos refractarios a cazar con método y con orden, pero a la larga aprenden todo lo que se le enseña. El podenco sirve para la custodia de los ganados y caza a la mano como cualquier pachón; después de un largo aprendizaje sirve para la caza de acuática, para llamar en los vivares, en la caza con hurón, y es sobresaliente en la mayor.

Su especialidad es cazar conejos en recova, a diente. En esto no tiene rival. Los defectos que el ya citado autor francés le atribuye se tornan excelentes cualidades para esta clase de caza.

Ver una recova de veinte o treinta buenos podencos cazando conejos en el monte es un espectáculo de los más divertido que pueda darse. El conejo es un animal ligero y astuto, que no pierde la serenidad aun en el mayor peligro. El podenco lo olfatea en lo más espeso de la mata, da vueltas alrededor de esta, haciendo oír breves ladridos llamando a sus compañeros, que bien pronto acuden en su ayuda, rodeando la mata donde el infeliz conejo se oculta. Ningún podenco maestro se atreve a arrojarse sobre su víctima, porque sabe por experiencia que esta hurtará el cuerpo escapando de sus dientes. Lo que hacen los viejos en el oficio es esperar a que llegue un podenco joven, que se avance al conejo y cuando éste sale de su escondrijo, lo atrapan. Algunas veces, aún rodeados de diez o doce perros el conejo escapa, y entonces, sus enemigos lo persiguen a la carrera. Es digno de ver como el conejo huye por lo más intrincado de la espesura, ya avanzando, ya retrocediendo, ya aplastándose entre la maleza, y  es más divertido aún ver los podencos rompiendo monte en vertiginosa carrera, dando saltos prodigiosos por encima de las matas y revolviéndose en el aire si el conejo varía de dirección. Algunos podencos causan tal terror a los pobre conejos cuando saltan por encima de ellos que los hacen chillar sin tocarles.

Cuando el podenco divisa al conejo extraviado, ralla; es decir, da una serie de  ladridos de un tono especial, indicando a sus compañeros que va muy cerca de la pieza; y el conejo, al fin, perdido y vuelto a encontrar muchas veces, viene a dar en la boca de alguno de sus perseguidores. Una recova bien adiestrada no debe de despedazar ningún conejo; por lo general, cuando un podenco coge alguno de aquellos animales, lo entrega al quitaor en cuanto este llega..El quitaor es el podenco más valiente de la recova que lleva a los cazadores todas las piezas que el coge y las que cogen los demás.

Así como el gato es el enemigo natural del ratón, el podenco es el del conejo. Lo persigue por instinto, y esta pasión es un grave inconveniente para dedicarlo a la caza mayor, especialmente las rondas.

Con frecuencia, de noche, sobre todo en verano, al buscar jabalíes, los podencos hallan algún conejo y lo persiguen latiendo, lo que causa un gran trastorno, porque los demás perros que van buscando por otro lado a larga distancia dejan su busca y acuden, y los alanos también corren allá creyendo que el podenco ha encontrado algún jabalí. Mientras tanto, los jabalíes,que están más lejos, oyen el ladrido del podenco, y comprendiendo que es una ronda, se refugian en el monte antes de que esta llegue. Pero a la larga aprenden los podencos su obligación y no hacen caso de los conejos cuando van a cazar jabalíes. He visto numerosas jaurías de podencos cazar un día conejos e ir otro de montería y no caso de los muchos que pasaban delante del hocico.

Adiestrada para las reses una recova de podencos, no hay nada que pueda igualarla. Ni los mastines, ni los galgos, pueden competir con ellos. El célebre cazador don Manuel Dorado decía que para matar jabalíes se necesitan podencos finos y alanos finos. El podenco suele acometer el ganado manso, y esto es una reminiscencia de la sangre de perro salvaje.

Existen tres tipos de podencos; el grande, el mediano y el pequeño. El primero, que es el verdadero podenco de hoy, y que difiere algo del antiguo del que hablan los libros de montería de la Edad Media, tiene una altura de 60 a 65 centímetros, es recio y fuerte la cabeza, la cabeza grande, el hocico largo y ancho, orejas tiesas, grandes, anchas y redondas por las puntas, lomo recto, cola mediana y poco encorvada, pecho ancho, piernas secas, casi rectas, pie recogido, color blanco con grandes manchas negras bordeadas de fuego.

El tipo de raza mediana es más vario, como producto de la grande y la pequeña. Tienen por lo común, unos 45 ó 50 centímetros de altura, sus miembros son más finos que los de la talla grande y el hocico agudo. Los hay blancos con manchas naranjas, canelos claros y blancos con manchas leonadas. Existen una variedad que comprenden el tipo mediano y pequeño, color canela claro, con mancha leonada y negra en la cola, a seis centímetros de la raíz; otra negra con el pecho y el vientre color fuego y dos sobre ojos del mismo color. El tipo pequeño es aún más fino que el anterior. Algunos ejemplares no pasan de 30 centímetros.

Se discute aún entre los cazadores sobre la bondad de los podencos grandes o los pequeños. El asunto no merece discusión. ¿Se caza en terreno áspero y pedregoso, con monte muy alto y hueco por debajo como sucede en Sierra Morena, en los Montes de Toledo, en la Mancha y los estados de Monroy? Pues los perros grandes no pueden saltar por encima de las matas ni caben por los huecos de los troncos, y con su peso excesivo se aspean pisando sobre las piedras aguda. En cambio el perro pequeño pasa por entre los troncos sin inconveniente ni molestias.

¿Se caza en las llanuras o sierras de la provincia de Badajoz, que tienen monte espesísimo cerrado el suelo? El perro pequeño no tiene vigor para romper las espesas ramas ni halla hueco por donde escurrirse, en tanto que el grande salta por encima de las matas o rompe fácilmente el ramaje.

Este señor, don Manuel Rodríguez, firmaba con el seudónimo de LUPUS