EL PAJARO CATRANA

 

Este pájaro fue el mejor que cazó mi tío José que fue un cazador del perdigón de fuste, tenía una   minusvalía en las piernas a causa de la poliomielitis, de joven cazaba al salto pero poco a poco las facultades le mermaron y solo tiraba a las tórtolas, cazaba con  los galgos y el perdigón. A las tórtolas era el número uno en Quintana, llegó a cobrar en las primeras encinas de la “Cuerda Chica”, pegando al Coto, ciento diez en una tarde, con la  escopeta del veinte que me regaló siendo yo un niño. Pero lo que más le gustaba era el reclamo. Se pegaba largas temporadas cazando y por su minusvalía siempre necesitaba una persona para que le hiciera los puestos, para este fin tenía cosarios a jornal, tales como el tío José ” El Pavero” de Quintana, Manuel “Jallao” de la Higuera, el Chato de la María de la tía Higinia y algunos otros, con el Jallao tuvieron una anécdota digna de mención, ya la contaré. Voy a centrarme en el pájaro. Su nombre era porque se lo compró a Rafael Murillo (Catrana) cuando este buen hombre tenia arrendada una parte de la finca La Osa y allí cazaba el perdigón. Fue cogido según sus hijos Diego (el Cano) y Benito (Carilla), un día que regresaban a la Osa con el carro y las mulas cargado de grano, los sorprendió una tormenta en el puerto de los Argallanes , se refugiaron en un cortijo y cuando reanudaron el viaje en la carretera que va a Retamal salió un bando y como estaban mojados cogieron dos que salieron superiores.
El tío Rafael me contó muchas veces que de pollo le tiró mas de setenta y  le falló más de la mitad, le metía la navaja a los cartuchos para ver si tenían munición, hubo muchos que se lo quisieron comprar  pero por más que le insistían y ofertaban, no lo vendía. De mi tío era muy amigo y un día en un taxi fue a la Osa lo cuál sorprendió a Rafael. – ¿Que te trae por aquí José?. – Demás sabes tú a lo que vengo, véndeme uno de los dos pájaros que tienes, y a regañadientes le cedió el figura. – Dame lo que quieras. Le dio dos mil pesetas menos veinticinco duros que le costó el taxi.Aquel año cogió la guardia civil a Rafael cazando y le mataron al pájaro hermano. Mi tío era muy caprichoso con los perdigones, donde se enteraba que había uno que merecía la pena allá que iba y si le gustaba pagaba lo que le pedían, por aquellos años se vendían sobre las mil pesetas, por el Catrana pagó el doble sin pedir Rafael, eran, como he dicho, muy amigos.
Cuando yo le preguntaba porque este  fue el mejor que cazó, me contaba muchas de las cualidades que atesoraba y resaltaba que era muy hembrero, muy pocas viudas se le resistían. Mi amigo Juan Antonio el de la Nieve, del Valle, lo cazó una tarde y le tiro once viudas en la sierra de Aguas del Rey, en el mes de Marzo. Se trajo todas las que habían quedado por aquellos parajes. No se lo dejaba a nadie, Juan Antonio fue un privilegiado, yo también, pero lo cace ya muy viejo, mi primer perdigón que maté se lo tiré a él una tarde en Puerto Ancho allá por la solana de Baules. A las hembras las trabajaba con muchas jácaras de buche, titeo y recibos melosos, nunca las dejaba cantar ya que las guarreaba y con un kikikiki, señal del aguileo y por supuesto sin moverse ni tocar un alambre era muy raro que no se rindiesen. Otra de sus cualidades a destacar resultaba que empezaba a cazarlo en la “pica” y terminaba a últimos de Marzo, no se pasaba de celo, como empezaba la temporada la terminaba, cosa rarísima en los reclamos que todos cuando se cazan mucho se suelen poner muy fuertes y hay que darles tierra y otras cosas. Jamás cantaba en casa ni en el jaulero ya podían formarse las zambras que en el cortijo liaban los otros pájaros, a él no le importaba, se limitaba a comerse su puñado garbanzos al remojo partidos, bellotas, verde, trigo y punto.
Mi tío nunca tenia más de tres pájaros, cuando el Catrana tuvo dos más, ambos del Valle de la Serena, el Vallejo, comprado al Molinero  y Vasillo, de José Vasete, gran cazador y muchos años cosario compañero de Juan Antonio, pese a ser estos dos pájaros figuras, mi tío prefería su Catrana, salvo muy raras veces sacaba los otros ya que jamás fallaba aguantando los dos puestos diarios. Lo cazó mayoritariamente en el termino del Valle de la Serena,  fincas de Aguas del Rey, Pedruégano, Colonia…, también en la Hoja, Campillos, la Pared, Vallejón de Quintana. En los diez o doce años que duró con plenas facultades de canto, hubo muchos que le tiró mas del ciento, digo que le tiró porque se le iban muchísimos, él que fue un gran tirador fallaba porque tenia una catarata en el ojo derecho y veía con dificultad.
Una tarde siendo yo un niño lo acompañé a dar un puesto al Españal, nos pusimos en un puesto que le había preparado Timoteo Costal que era albañil y los hacia como nadie en los billares que hay en el paraje llamado las Norias. Partimos en un caballo blanco colino y castrado que por entonces tenía para ir a los puestos y los galgos, este caballo había sido de la Guardia Civil, digo que partimos desde su cortijo Casa de la Pared donde pasaba temporadas y cazaba por todos aquellos lares. Nos metimos en el puesto y sobre un costal de paja y una manta que tenia para el efecto nos sentamos, antes le quitó la mantilla y de recibos muy suave y piñones comenzó su faena como siempre.
Le contestaron infinidad de campesinas que entonces había en esa finca, pues estaba acotada  siendo el guarda Emilio de la Guarda que a mi tío lo dejaba dar algunos puestos. Le tiró siete, yo por un agujero veía como entraban los pares y como los fallaba, jjj, pues mató tres. Recuerdo de una viuda que cuando llegaba a la plaza se iba al vuelo intentando llevarse al Catrana, a la tercera o cuarta vez se la tiro  pude ver que al lado había un terrón de tierra que se llevó el tiro, al pájaro aquel le era igual, él seguía su marcha como si nada.
La anécdota de Manuel Jallao la contaré cuando escriba algo de Copé.
Y bueno voy a concluir como fue el final de este fenómeno.  Cuando éramos perseguidos los perdigoneros por la Guardia Civil, porque así estaba la ley, y no se debía cazar, nos íbamos a los cortijos mas retirados, uno de ellos donde yo pernoctaba  algunos veces era el de mi querida amiga Petronila, casada con el maestro Alejandro, allí criaron a sus hijos muy amigos míos todos. Cuando di por concluida mi estancia partimos para Quintana Antoñillo Bermejo en una mula blanca falsa con muy mala leche, yo en una yegua. Cuando aparecimos por la Pared montados, los perdigoneros que estaban cazando por allí se zurraron según nos contaron. La cosa tenia migas pues si te cogían, multa procesamiento y lo peor te mataban el pájaro. A Antonio se le antojo que le enseñara la casa de la Pared  y así lo hice. Dejamos los pájaros en un banco de piedra que había en la puerta principal y fuimos a abrir por el corralón, cuando dimos por concluida la visita vimos que un cochino ibérico pequeñín de los que tenia sueltos Enrique Quintana el arrendatario había volteado la jaula del Catrana y andaba por meterle mano. El disgusto que me pegó fue mayúsculo ya que creía que le había roto las patas, pero no fue así se “desbolilló”  y eso no tiene cura, a mi tío se lo conté y pese a su disgusto no me riñó, solo me dijo que se moriría sin remisión y así fue, no duró un mes aunque le estuve dando bolitas de carne con pan leche y huevo cocido. Ese fue el final a sus dieciséis años de posiblemente el mejor pájaro que se puso en los tangos de Quintana . Me lo disecó Rosario la mujer de Mangarrute y todavía lo conservo.